Diario del Mar

"Me llamo Katherine Greenwood Wells, tengo dieciocho años. Nací en una cuna hecha de olas, mecida por el vaivén del maravilloso océano. El mar corre por mis venas. Mi madre se llamaba Anne Wells, y falleció cuando yo había cumplido seis años. Mi padre, Alfonso Greenwood, me enseñó todo lo que sé sobre el mar, pero por desgracia, desapareció hace dos años, sin dejar rastro. Y desde entonces, no he dejado de buscarle."




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martes, 15 de enero de 2013

DDM: Capítulo 64

¡Hola a todos! :3

Bueno, hoy empiezo con el conocido... ¿Me ayudáis? Sí, sé que soy pesada, pero cada voto significa estar un paso más cerca de los primeros blogs... para dar a conocer esta pequeña historia. Toda la información en el siguiente enlace:

                                                          ¿Me ayudáis?

Temblad, porque más adelante volveré a necesitar exactamente lo mismo... :)

En fin, después de ROGAROS/SUPLICAROS/PEDIROS vuestra ayuda... os dejo el capítulo 64, y como siempre digo... ¡Espero que os guste! :3




Me quedé unos segundos en el pasillo, sin moverme. Simplemente respirando. Y aunque por fuera parecía tranquila, por dentro parecía que se estaba librando una encarnizada batalla. Mi mente vibraba de enfado.

Sabía que Elizabeth sólo me traería problema; hacía minutos que la había encontrado, y ya pretendía jugar sucio. Sabía perfectamente que lo único que quería era hundirme, destrozar mi vida, destrozar todo lo que iba bien en ella.

Y el foco central de nuestra rivalidad parecía ser... Jacob. Sabía que intentaba conseguirle. Y podía ser que tuviera razón en todo lo que me había dicho hacía escasos segundos. Con lo cual, si le impedía acercarse a Jacob, estaría dándole la razón, sería como gritar "Sí, Elizabeth, no confío en Jacob porque es un chico y a su alrededor hay miles de jóvenes que desean estar con él... por eso tengo miedo de que te acerques a él"

Con lo cual... sólo me quedaba hacer una cosa; aparentar indiferencia, y confiar en Jacob. Confiar en que Jacob hubiera cambiado, confiar en que sus palabras y su amor fueran verdaderos. Confiar en que no me abandonaría.

No era algo que me agradara, la verdad, puesto que ambos estábamos muy bien, y no necesitaba que una víbora se entrometiera y lo estropeara todo con su juego sucio... Pero Elizabeth conseguía sacarme de mis casillas con su voz.

¿Estaba dudando de Jacob?

Sacudí la cabeza y aparté esa pregunta de mi mente. Prefería no pensarlo, y hacer como que la conversación entre Elizabeth y yo era inexistente.
Caminé hacia la habitación, y alcé la mano hacia el pomo metálico. Lo giré, y entré en la habitación.

Todos estaban hablando, animados, sobre... la verdad es que no sabía sobre qué. Deslicé mi mirada por sus rostros, todos ellos girados hacia mí. Y me paré en el rostro de Brittany. Suspiré, aliviada, por ver que la criada que tanto me había ayudado había estado ahí, en la habitación.

- ¡Katherine! -exclamó Brittany.

Corrió a mi lado, y me dio un suave abrazo.

- No sabía dónde estabas. -dije. -Pero veo que estabas bien.

- Sí. -contestó Brittany, alejándose de mí y sonriendo. -Hoy he tenido el placer de conocer a ambas señoritas, Olivia y Diana.

Asentí, sonriendo.

- Me alegro. -añadí.

- ¡Dan está aquí, Kathy! ¿Lo sabías? -exclamó Diana, desde su cama.

Dan estaba sentado en una silla de mimbre, cerca de la cama. Me miró, mientras Diana se dirigía a mí hablando.

- Sí. -contesté, esbozando una falsa sonrisa. -Jacob y yo nos encontramos con ellos. Fue... un encuentro bastante agradable. Les agradezco la sorpresa que me han dado.

Diana miró a Dan, boquiabierta, y luego a mí.

- ¿Qué sorpresa? -preguntó, incrédula.

- Oh, Elizabeth y Dan han traído con ellos mi barco. -respondí, desinteresadamente, aunque la ira comenzaba a arder en mi interior.

No sé que fue más chocante para Diana; que hablara de Elizabeth, o que habían traído mi barco.

- ¿Elizabeth? -murmuró. -¿Tu barco?

Y de pronto, como si supiera que habíamos mencionado su nombre, Elizabeth abrió la puerta de la habitación, con timidez.

- Ho... hola. -susurró.

Jacob y Dan saludaron cálidamente a Elizabeth, y esta entró con la mirada baja, y algo encogida sobre sí misma. Cuánto cambiaba dependiendo de con quién estaba...

- ¿Has entrado en calor? -preguntó Jacob cortésmente.

"Tranquila, Katherine. Sólo ha preguntado por su estado, ya que la has tirado al mar y estaba muerta de frío. No pasa nada."

- Sí, gracias, Jake.

"Jake."
Me mordí la lengua, para no decir ni hacer nada.

- ¿A qué esperáis? -preguntó Jacob. -Habéis estado varios meses sin veros, y ni os saludáis.

Sabía que Jacob pretendía romper la tensión que había en esa habitación, y tal vez pretendía que todos empezáramos de cero... Porque aparentemente, Elizabeth había cambiado. Pero sólo había cambiado cuando estaba ante personas que no eran yo.
Parecía mentira que aquella joven que parecía tan inocente en aquellos momentos, fuera tan retorcida cuando estaba conmigo. Estaba claro que no nos llevábamos muy bien.

Jacob miró a Diana, y ésta acabó asintiendo. Liv fue la primera en saludar. Se acercó a Elizabeth, y la dio un suave abrazo. Parecía muy tensa. Después, la rubia se acercó a Diana, la cual se incorporó algo débil, y se abrazaron. Diana estaba menos tensa que Liv, ya que la pelirroja sabía que yo odiaba a Elizabeth por todo lo que me había hecho.

Después, Elizabeth se situó al lado de Dan, que estaba sentado en la silla, y bajó la mirada con timidez. Se apartaba el pelo de la cara en repetidas ocasiones, y miraba fugazmente a Jacob. Prefería desviar la vista.

Seguidamente, sin saber muy cómo, empezaron a hablar todos juntos, bastante animados, y yo me mantuve ajena a su conversación. Me apoyé en la pared, y me crucé de brazos. Fijé mi vista en un punto del suelo, y me limité a pensar en todo lo que había ocurrido a lo largo de mi vida.

Dan me miraba de vez en cuando, pero yo estaba demasiado ocupada con mis propios pensamientos como para fijarme en ello. Tampoco para ver que no nos habíamos saludado como se hubieran saludado dos amigos.

La voz de Elizabeth me sacó de mis pensamientos.

- Oh, Dios mío... -musitó.

Tenía la mirada puesta en la cuna de la pequeña Kathlyn.

- Diana... ¿es tu hija...? -preguntó con una hilo de voz.

- Sí. -respondió Diana.

Elizabeth dio unos pequeños pasos, con timidez, dudando en acercarse o no.

- ¿Puedo... puedo verla?

Diana asintió, y esbozó una leve sonrisa. Sí, Elizabeth parecía tan inocente y buena...

La rubia echó a caminar hacia la cuna de Kathlyn, y situó a su lado. Alzó una mano, y acarició la mejilla de la pequeña.

- Es preciosa... -susurró.

Diana asintió, y vi en su rostro una expresión de orgullo.

- ¿Cómo se llama? -preguntó Elizabeth.

- Kathlyn. -respondió. -Viene de Katherine y Gwendolyn.

- Seguro que cuando crezca, estará orgullosa de llevar los nombres de dos jóvenes muy valientes. Katherine y Gwendolyn. -sonrió Elizabeth.

Mi corazón dio un brinco. ¿Me había llamado joven valiente? Me obligué a parpadear y a tragar saliva. ¿Era verdad que Elizabeth había cambiado... o sólo actuaba? Preferí no pensarlo.

Elizabeth esbozó una sonrisa algo triste y cansada.

- Qué suerte tienes, Diana. -murmuró, sin apartar la mirada de la pequeña.

- Soy consciente de ello. -contestó Diana, sonriendo.

Diana también miraba hacia la cuna de Kathlyn, incorporada en la cama. Su sonrisa mostraba el orgullo que sentía por su hija.

- Ojalá pueda ser madre. Algún día. Ojalá encuentre a alguien dispuesto a formar una familia conmigo. -susurró.

- Seguro que sí. -murmuró Diana. -Aún es pronto.

Elizabeth alzó la mirada hacia Diana, y asintió, con una triste sonrisa.

Jacob la miró fijamente, y mi corazón vibró de... ¿miedo? Tal vez. Porque... porque Elizabeth quería formar una familia, quería tener hijos. Yo por ahora no. Y Jacob sí.

¿Eso la acercaba un paso más a él?

Preferí apartar esos pensamientos de mi mente, como también aparté mi mirada de Jacob. Me mordí la lengua, y cerré los ojos durante unos segundos. "Confías en Jacob, ¿verdad? Lo haces. Le quieres. Él te quiere. Y respeta tus decisiones, te esperará lo que haga falta. Recuerda que te quiere de verdad."

Siguieron hablando, más bien Diana y Elizabeth, sobre el parto, y todo lo que había vivido en relación al embarazo. Hasta que todo se quedó en silencio.

Y fue la pequeña pelirroja la que rompió el silencio con su pregunta.

- ¿Qué... pasó?

Abrí los ojos con lentitud, fijando mi mirada en ella, al igual que todos los presentes. Liv miraba fijamente a Elizabeth y a Dan.

- Me refiero a qué os ocurrió. -reformuló.

- ¿Aquel día, en el baile de la reina...? -inquirió Elizabeth, que se retorció las manos y tragó saliva.

Olivia asintió, sin apartar sus ojos azules de los de Elizabeth. Dan frunció los labios, y cerró los ojos durante unos segundos, tal vez recordando. Cuando volvió a abrirlos, las palabras salieron de su boca.

- Después de que os golpearan a vosotros, -nos señaló a Jacob y a mí. - nos separaron. Sólo recuerdo oscuridad, y los baches que sufría el carruaje que nos transportaba. Tal vez... fuimos los que más suerte tuvimos. Porque nos llevaron a ambos al mismo lugar.

Elizabeth asintió, respaldando las palabras de Dan, a la vez que desviaba la mirada al suelo, como si quisiera olvidar todo aquello. Se retorció las manos con nerviosismo y angustia. ¿Tal vez demasiado exagerado? Pero parecía ser que nadie pensaba lo mismo que yo, porque les miraban con pena. ¿Y si me pasaba? ¿Y si resultaba que Elizabeth había cambiado de verdad, a pesar de su actitud conmigo? ¿Por qué siempre pensaba que actuaba? Igual tenía que calmarme un poco y olvidar todo lo que nos ocurrió en el pasado, para comenzar de nuevo con buen pie...

Pero la confianza no se puede tomar a la ligera. Porque luego pasa lo que pasa; que confías en una mentira.

- Nos llevaron a una casa, es más, a una mansión de un noble bastante adinerado. Y al parecer... necesitaba criados, sirvientes. Y eso es lo que fuimos. -completó Dan.

- Criados bajo el mando de un borracho. -alcanzó a decir Elizabeth. -Jamás me he sentido tan humillada. Jamás me habían hecho sentir tan... tan inferior. Era una continua pesadilla de la que no podías despertar.

Escupía las palabras con odio, enfado. Rabia. Y no fui capaz de asegurar que fuera verdad, ni tampoco teatro. Por primera vez dudé.

- No recibíamos castigos según cómo actuáramos, sino más bien, cuando a él le apetecía. -añadió Elizabeth, y le tembló la voz ligeramente.

Dan colocó una mano sobre su hombro. Elizabeth bajó la mirada, y frunció los labios, a la vez que cerraba los ojos. ¿Estaba... llorando?

- Pero conseguimos escapar. -murmuró la rubia. -Gracias a Dan. él fue quién le golpeó aquella noche, dejándole inconsciente.

Elizabeth alzó la mirada, y vi que tenía los ojos brillantes, y una lágrima rodaba por su mejilla. Cogió aire con fuerza, y trató de no echarse a llorar.

- Bueno, supongo que eso debemos agradecérselo al alcohol. Gracias a sus efectos, aquella noche estaba más borracho que nunca, y no fue muy difícil.

"¿Y le dejaron vivo? ¿Sin más?" La pregunta zumbó en mi mente. Si seguía vivo, en cualquier momento podría volver a buscarles... Y eso significaba que no estábamos de todo a salvo.

Elizabeth se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

- Eh, tranquila... -susurró Dan.

Se levantó de la silla, y la envolvió entre sus brazos. Desvié la mirada, hacia Jacob, y vi que se mordía el labio inferior ligeramente. Tenía la vista clavada en ambos; Dan y Elizabeth. Tragó saliva, y caminó hacia ellos.

Bajé la mirada hasta el suelo. No podía enfadarme con él. Era un caballero, y supongo que era normal; los caballeros ayudaban a los demás. Y Jacob sólo pretendía consolar a Elizabeth, no podía enfadarme con él... Era libre.

Elizabeth asentía, escuchando sus palabras, pero las lágrimas seguían saliendo de sus ojos. Apreté las mandíbulas en cuanto Jacob colocó una mano sobre su espalda, y Elizabeth se apoyó en él, llorando. Dan la acariciaba el pelo, y también se les unió Liv.

- No te preocupes. -dijo Jacob. -El pasado, pasado es.

Elizabeth asintió, y alzó la mirada azul hacia Jake. Se secó las lágrimas, frunciendo los labios.

- Lo sé. -murmuró. -Lo siento, de verdad...

- Es normal. -contestó Jacob. -Llorar no es malo. Todo el mundo llora.

Elizabeth murmuró un leve "Gracias", y Dan le dejó sentarse en la silla de mimbre. La rubia bajó la mirada, una vez sentada, con timidez, incluso angustia.

En mi mente seguía retumbando la misma pregunta de antes. Y necesitaba saber si seguíamos a salvo o no.

- Pero, puede volver a por vosotros. -dije, de pronto. -Puede volver, si sólo le dejasteis inconsciente.

Todos posaron sus miradas sobre mí, y comprendí que ese tema había quedado atrás. Pero no para Dan y Elizabeth.

Dan fue a decir algo, asintiendo, pero las palabras no salían de su boca.

- Por eso no debes preocuparte, Katherine. -contestó Elizabeth por Dan. -Estás a salvo, todos estamos a salvo.

Esbozó una triste sonrisa, que, aunque me costara admitirlo, me reconfortó.
No había sido una respuesta muy trabajada, sino más bien incompleta. Rápida. Pero preferí no preocuparme.

- Y ahora... ahora estamos bien, que al fin y al cabo, es lo que importa. El pasado es pasado. -añadió Dan, sonriendo levemente, mientras acariciaba el hombro de Elizabeth.

- ¿Qué fue de vosotros? -se atrevió a preguntar Elizabeth, con un débil tono de voz.

Oí la pregunta, pero no respondí. No quería responder. No quería recordarlo todo. Pero ya era tarde, porque Patrick se había materializado frente a mí. Me obligué a abrir los ojos, pero no pude. No pude por el miedo. Patrick esbozaba una media sonrisa burlona, y tenía una espada en la mano. No.

Apreté las mandíbulas, y abrí los ojos, los cuales estaban húmedos por las lágrimas.

- Nuestro destino fue un sótano. -respondí, con toda la firmeza que fui capaz de reunir.

Pero notaba el llanto en mi garganta. Me tembló el labio inferior, y me crucé de brazos.

- ¿Juntos?

- No. -respondí.

- Vaya, en eso no tuvisteis tanta suerte como nosotros... -añadió Elizabeth.

- No, Elizabeth. -solté. -No tuvimos suerte en eso ni en nada, ¿sabes?

Elizabeth abrió aún más los ojos, mirándome. Sentí el llanto ardiendo en mi garganta.

- ¿Quieres que te cuente lo que es realmente una pesadilla continua, de la que no puedes despertar? ¿Quieres saberlo? -hice una pausa, en la que me tembló el labio inferior levemente. -Meses enteros en un sótano frío, sin poder ver la maldita luz solar, encadenada. Meses enteros recibiendo intensas palizas. Días en los que creía que moría desangrada. Días en los que creía que moría del dolor de los golpes. Días en los que me quedaba sin comer ni beber, sin ver ni siquiera la luz de una mísera vela. Días en los que temía por mi vida. Días en los que deseaba mi muerte, para dejar de sufrir aquello. Momentos en los que odiaba todos y cada uno de mis días en aquel sótano, en los que odiaba todos y cada uno de los golpes que había recibido.

Me tembló el labio inferior, y se me nubló la vista por las lágrimas. No me importaba llorar delante de ella. No me importaba llorar de miedo, de dolor, de tristeza, de odio. De rabia.

- ¿Pero sabes qué es lo peor? Que esta pesadilla nunca acaba. No tiene fin. -susurré. -Da igual que no esté en ese oscuro sótano, porque todas las noches aparezco en él. Todas las noches me encuentro en esa misma situación. Con el dolor de sus golpes. Y no sólo cuando duermo; sino siempre que cierro los ojos. -murmuré, y se me quebró la voz.

Una lágrima rodó por mi mejilla, seguida de varias más.

- Eso es una continua pesadilla, Elizabeth. Una pesadilla de la que jamás podré despertar. ¿Sabes por qué? Porque esa pesadilla forma parte de mí. Es... mi vida.

El silencio nos envolvía, y yo sólo podía oír el latido de mi desbocado corazón. Las lágrimas seguían bañando mi piel, pero también en silencio. Y yo quería llorar con fuerza, quería sollozar haciendo ruido. Necesitaba desahogarme.

Y eso hice. Nada más terminar de hablar, nos quedamos mirándonos fijamente. Hasta que rompí el contacto visual. Me giré con rapidez, y caminé hacia la puerta, para salir de ahí. Necesitaba... necesitaba estar sola. Ahora Patrick estaba en mi mente, y cada vez que cerraba los ojos, me veía en el suelo de aquel sótano, bañada en mi propia sangre.

Cerré la puerta de un portazo, y caminé unos cuantos metros más, hasta que me eché a llorar. Apoyé la frente y las palmas de la mano en la pared, para evitar caerme. Apreté las mandíbulas, pero eso no sirvió para ahogar los sollozos. Cerré los ojos con fuerza, pero eso fue peor, ya que vi a Patrick ante mí, envuelto en oscuridad, con una sonrisa burlona y un cuchillo.

Inconscientemente, y movida por el miedo y la rabia, grité. Grité para alejar a Patrick de mí, para alejar ese cuchillo de mi piel. Hasta que abrí los ojos, y todo desapareció. Arañé la pared para contener los gritos y los sollozos, y fruncí los labios hasta un punto en el que me hice daño.

Estaba tan concentrada en ahogar mis gritos, que no escuché la puerta abrirse. Tampoco los pasos de alguien. No hasta que unos brazos fuertes me abrazaron por la cintura desde atrás. Supe, en décimas de segundo, que se trataba de Jacob.

Apoyó su barbilla en mi hombro, y sus manos presionaron con más fuerza mi vientre, para alejarme de la pared. Me giró con lentitud, pero en ningún momento le miré a los ojos. Una lágrima rodó por mi mejilla, y mi labio inferior tembló.

- Recuerda que estoy contigo en esta pesadilla, Kathy. Que nadie puede hacerte daño, que no es real. -susurró.

Alzó una mano hacia mi rostro, y me acarició con dulzura la mejilla. Después, me apartó unos mechones de pelo de la cara, y me estrechó entre sus brazos. Cerré los ojos con fuerza para impedir que las lágrimas salieran.

- No sé... no sé qué me ha pasado, Jacob... -murmuré contra su pecho. -No sé por qué he hecho eso...

Me acarició el pelo con suavidad, y tardó varios segundos en contestar.

- Supongo que ha sido porque te parecía injusto. -murmuró. -Que Elizabeth dijera todo eso, sin conocer lo que te había pasado a ti.

Me mordí la lengua, y dejé de hacerlo en cuanto noté el sabor metálico de la sangre en mi boca. No me dolía.

- Lo siento. -susurré. -Estoy muy nerviosa.

- ¿Por qué tienes que disculparte?

No contesté, simplemente me concentré en el cálido cuerpo de Jacob pegado al mío.

Fui yo la que se alejó de él unos centímetros, para tratar de despejarme. Me sequé las lágrimas con el dorso de la mano, y suspiré.

- ¿Estás mejor? -preguntó.

Buscó mi mano, y entrelazó sus dedos con los míos.

- Creo... creo que sí.

Y sin decir nada más, caminamos de vuelta a la habitación, donde todos me miran nada más entrar. Yo simplemente, bajé la mirada, y fue suficiente para que supieran que no quería preguntas de ningún tipo.
Elizabeth tampoco se atrevía a mirarme, y lo vi normal. Repitió la misma pregunta, pero esta vez para Diana y para Liv.

Yo estaba muy lejos de ahí, pensando en un futuro mejor, en el que las pesadillas y Patrick no me asaltaran cada vez que cerraba los ojos...
Pero la voz de Diana respondiendo me trajo de vuelta a la realidad.

- Nuestro destino fue la esclavitud en las minas.

- ¿Nuestro? -repitió Dan, sacudiendo la cabeza. -¿Te refieres al tuyo y al de tu hija? Porque acabáis de decir que Liv... Liv huyó.

- No... no exactamente. -susurró.

Diana bajó la mirada, y mi mente comenzó a trabajar a toda prisa. ¿Nuestro? ¿Y no se refería ni a Liv ni a Kathlyn? Entonces... ¿de quién se trataba?
Pero no necesité que dijera nada más.
Porque mi mente ya había obtenido una respuesta. Un nombre. Un nombre claro, nítido. Un nombre que también formaba parte de nombre de Kathlyn. El nombre de la única persona desaparecida, de la cual no sabíamos nada.

- ¿Gwendolyn...? -musité, con miedo a que se me quebrara la voz.

Diana se giró con lentitud hacia mí, con la boca entreabierta, y el labio inferior temblándole. Una lágrima rodó por su mejilla.

- Yo no... no quería que eso ocurriera. -susurró, con la voz quebrada. -Yo... yo quería que las dos saliéramos con vida, no quería esto... no quería eso para ella.

Su voz era un susurro apenas audible, una voz quebrada por el llanto que se agolpaba en su garganta. Sus ojos brillaban por las lágrimas, y éstas comenzaban a bañar su piel.
No fui consciente de que por mi mejilla también rodaba una pequeña lágrima. Estaba en shock. Me había quedado en blanco, y ni siquiera sabía cómo actuar.

- Ella se empeñó, ella quería que yo saliera con vida... -continuó, entre sollozos. -Ella me salvó la vida, Gwendolyn dio su vida por mí.

- Quieres decir... quieres decir... -murmuré. -Que Gwen ha...

No quise terminar la frase. No me sentía tan fuerte como para decir aquella última palabra. Porque no podía ser...

- Le hice prometer que nos volveríamos a ver, que ella también saldría con vida de aquellas minas. -musitó. -Pero... eso jamás ocurrió. Jamás he vuelto a verla.

Las lágrimas brotaban de sus ojos con rapidez e intensidad, y sentí un pinchazo en el corazón.

- Yo intenté convencerla de que juntas podíamos salir, pero ella se negaba... Y en el fondo tenía razón. Las dos no podíamos salir, porque una tenía que ocuparse de los guardias... Una, o ninguna. -musitó Diana, bajando la mirada. -Y ella fue la que se encargó de los guardias. Ella fue la que me dejó salir.

Diana tembló, y enterró el rostro entre sus manos. Se convulsionaba por el llanto, y los sollozos inundaban la habitación. Liv pasó un brazo por encima de sus hombros, y la abrazó con suavidad. Pero Diana no dejaba de llorar. Y yo, en cambio, no podía ni llorar. Las lágrimas no me salían de los ojos.

Estaba en blanco.

***

Todos los presentes consolaron a Diana, y yo me quedé donde estaba, sin ser capaz de reaccionar. Hasta que me obligué a ir a abrazarla. Su llanto no frenaba, y Diana no podía hacer nada por evitarlo.

- Sé que fue mi culpa... -murmuraba de vez en cuando.

Mi corazón latía de una forma extraña, y yo seguía totalmente en blanco. Pero sabía que esa sensación no duraría mucho, y me echaría a llorar. Recordé los ojos azules de Gwendolyn, su cabello rubio. Su forma tan valiente de actuar.

Miré a Jacob, y después de eso, decidí marcharme de ahí. Necesitaba estar un momento sola, para pensar. Todo era... demasiado. Y había llegado de golpe. Caminé hacia la habitación de Jacob, hasta que alguien me llamó.

- Katherine, necesito hablar con usted. -era Brittany.

Me giré, y asentí ligeramente.

- Claro. -respondí con un hilo de voz.

Y comencé a notar más y más el nudo que se había formado en mi garganta.

- Katherine... Ha sido un verdadero placer acompañarla hasta Inglaterra, para encontrar a Jacob, pero me temo que... que yo debo volver a la Isla de Man.

Me quedé paralizada, y boquiabierta.

- ¿A qué se debe eso? -murmuré.

- Verás, Katherine, yo tengo una familia a la que cuidar ahí, y necesitan mi ayuda. Ya sabes que por eso trabajaba para Patrick, por el dinero. Supe que podrían arreglárselas solos durante una temporada, pero me temo que es hora de volver.

Sus palabras eran claras y directas.

- Por eso, he de irme. Ayer me avisaron de que hoy por la tarde, a las seis aproximadamente, llegaba un barco de transporte hacia Inglaterra.

Me obligué a asentir. Tenía la cabeza algo embotada, y no sabía muy bien por qué razón.

- Te acompañaré, Brittany. -sonreí.

Las despedidas ya llegarían antes de que se marchara, no ahora.

- ¿Lo saben los demás...? -pregunté.

- No. Pero ahora lo diré. -contestó Brittany, con una sonrisa.

La dediqué una amplia sonrisa, aunque ni siquiera sé cómo lo conseguí.

- Yo... necesito estar sola. -susurré. -Avísame cuanto tengas que marchar, ¿vale? Quiero acompañarte.

Brittany asintió, y, antes de girarse, corrió a abrazarme. No dijimos nada más, tan sólo intercambiamos unas sonrisas más, y yo me encerré en la habitación de Jacob.

Supongo que uno nunca está a salvo de la vida. Nunca. Justo cuando crees que todo va bien, que todo ha cambiado, y que la tormenta ha pasado... la lluvia vuelve. Una y otra vez. Y por desgracia, en mi vida, unos nubarrones negro amenazaban con descargar su agua, para inundarlo todo. Pero eso no era lo peor.

Lo peor es que en la tormenta, no faltarían los relámpagos.

***

No estoy segura de cuánto tiempo pasó mientras yo estaba en la habitación de Jacob. Tampoco soy capaz de decir si pasó lento o rápido. Sólo fui consciente de que cuando alguien golpeó la puerta, era la hora.

- Katherine, me temo que ya es la hora. -susurró Brittany, con timidez.

Yo asentí, y me levanté del suelo -sí, me había sentado en el suelo-.
Salí de la habitación por detrás de Brittany, y vi que Dan estaba esperando fuera. Me miró fijamente, pero había... ¿perdón? en sus ojos.

- Espero que no te importe que vaya con vosotras. -murmuró.

Yo me encogí de hombros, y me coloqué a la altura de Brittany. Me explicó que los demás ya sabían que se marchaba, que se habían despedido, y que también sabían que Dan y yo la íbamos a acompañar.

Por unos segundos, tuve miedo de dejar a Elizabeth y a Jacob juntos, pero me obligué a pensar que no ocurriría nada. Porque Jacob... Porque confiaba en él. O lo intentaba.

No tardamos en estar fuera de la posada, los tres en silencio, y caminamos hasta el muelle sin decir tampoco una palabra. Había varias personas esperando al barco que tendría que llegar en breve, y otro grupito de personas que observaban mi barco; a todos el mundo le sorprendía ver el barco de alguien que perteneciera a la Sangre Marina.

- ¿Qué harás ahí? -le pregunté a Brittany.

- Ayudar a mi familia, trataré de buscar otro trabajo... -contestó en voz baja.

Me mordí el interior del labio inferior, y recordé las bolsas de oro que había en mi barco, las cuales eran de Dan.

- He visto que en mi cuarto-escritorio, hay varias bolsas de dinero. Supongo que a Dan no le importará darte una. -dije.

Dan me miró, boquiabierto, pero acabó asintiendo.

- Claro.

Y dicho esto, se dio la vuelta y caminó hacia mi barco. "En cuanto vuelva, le obligaré a que me devuelva MIS llaves."

Me giré hacia Brittany, la dediqué una amplia sonrisa.

- Pero, Katherine, no es necesario...

- Es lo menos que puedo hacer por ti, Brittany.

Unos minutos después, Dan estaba de vuelta con una bolsa de cuero en la mano. Se la tendió a Brittany, y ésta, algo dudosa, acabó cogiéndola.

- Esto es demasiado... -murmuró, con los ojos muy abiertos.

- ¿Cuántos sois en la familia, Brit? -inquirí.

- Somos... siete personas contándome a mí. -contestó, bajando la mirada.

- Entonces no, Brit, no es mucho.

La joven sonrió ampliamente, y me dio un largo abrazo, después de darle las gracias a Dan por el donativo. La gente se movió nerviosa por el muelle, poniéndose en cola, mientras el esperado barco atracaba en dicho muelle. Brittany se giró para mirarlo, y después volvió la vista hacia mí.

- Ha sido un honor poder acompañarla en este viaje, Katherine. Y me alegro mucho de que finalmente, haya podido encontrar a quien buscaba.

No pude evitar esbozar una triste sonrisa. En el fondo, me sentía muy mal, porque Brittany había hecho demasiado por mí; me había salvado la vida.

- Sé que tengo que dejarla marchar, Brittany, ya que su familia la espera. -murmuré. -Pero si pudiera, te impediría subir a ese barco.

El labio inferior de Brittany tembló, a la vez que sus ojos se bañaban de lágrimas.

- Me has salvado la vida, Brittany. Y te debo muchísimo, muchísimo más que esto. Has hecho demasiado por mí, Brit, y jamás podré agradecértelo como te mereces.

La joven se secó las lágrimas con la palma de las manos, y se obligó a desviar la mirada, riendo.

- Lo siento, no es mi intención llorar. -susurró, con la voz quebrada.

- Muchísimas gracias por todo, Brittany. -completé.

Y sin dudarlo, la abracé con fuerza.

- Cuida de tu familia, pero sobretodo, cuida de ti misma. -hice una pausa, y fruncí los labios, para frenar el llanto. -Jamás me olvides.

- ¿Cómo iba a hacerlo? -respondió. -Eso es imposible, Katherine.

Se separó de mí unos centímetros, y fui consciente de que yo también estaba llorando.

- Espero que el caballero Fellon y usted vivan, por fin, la vida que se merecen juntos.

Me mordí la lengua, y asentí, sintiendo las cálida lágrimas rodando por mis mejillas.

- ¿Nos volveremos a ver, Brittany?

- Cuando usted quiera, Katherine. Yo no me moveré de mi hogar, la Isla de Man. -sonrió, asintiendo.

No lo pude evitar, y volví a abrazarla con fuerza.

- Hasta pronto, señorita Katherine. -murmuró.

- Nos volveremos a ver, Brittany.

Y dicho esto, se despidió con una mano de nosotros, y caminó hacia la cola de personas. Ella era la última, y ya la tocaba entrar. Y antes de desaparecer por la entrada del barco, movió la mano en forma de despedida. La echaría mucho de menos, pero sabía que podría volver a verla cuando quisiera. Era... una separación temporal.

- ¿La echarás de menos? -la voz de Dan me sacó de mis pensamientos.

- Por supuesto que lo haré. Me salvó la vida. -contesté, sin apartar la mirada del barco, que ya estaba cerrado, y se disponía a zarpar.

Observé a la embarcación alejarse del puerto, con lentitud, pero de manera firme y continua. Y Brittany con ella.

- Por cierto, Katherine, yo... quería hablar contigo. -dijo Dan, mirándome.

Me giré ligeramente hacia él, sin hacer ningún gesto.

- No veía el momento oportuno de hacerlo, ya que Jacob siempre me mira mal cuando intento acercarme a ti, así que...

Me limité a parpadear.

- Tú y yo... no empezamos con buen pie. Y todo porque me metí en tu cuarto-escritorio.

Asentí, afirmando todo lo que decía.

- Quería pedirte disculpas por ello. Sé que no debí haberlo hecho, y lo último que quiero es que tú y yo estemos mal.

Me mordí la lengua, y volví la vista hacia el mar. El sol comenzaba a acercarse al horizonte, y la luz disminuía poco a poco.

- Bueno, sólo quería que lo supieras. No quiero llevarme mal con mi capitana.

Que me llamara así me hizo sonreír. Me hizo recordar los tiempos en los que nada de esto había ocurrido, en los que todo iba bien, todo iba como tenía que ir.

- Todo se puede intentar de nuevo, ¿no? -respondí, sonriendo levemente. -Supongo que la amistad no es una excepción.

Dan sonrió ampliamente, asintiendo.

- Pero con una condición. -dije.

- La que sea.

- Que no vuelvas a entrar en mi cuarto-escritorio. No sin mi permiso, ¿entendido?

- Entendido, capitana.

Dan sonrió ampliamente, asintiendo. Y yo no pude evitar reír. Sin decir nada más, ambos nos giramos y comenzamos a caminar de vuelta a la posada.

- Te he echado mucho de menos, Katherine, ¿sabes?

Sus palabras me pillaron por sorpresa, y no supe muy bien que contestar. Aunque supuse que lo decía como amigo, ya que eso era lo que éramos.

- A un fiel tripulante también se le echa de menos. -contesté, sonriendo.

No podía negar que Dan había sido un fiel amigo. Siempre había estado en mi barco, ayudándome. Había sido, junto a Diana, mi mano derecha.

Después de aquello, caminamos en silencio. Pero no era un silencio incómodo. No necesitábamos hablar para sentirnos cómodos. Eso era algo bueno.
La luz seguía disminuyendo, y nos quedaba menos para llegar a la posada.

Pero incluso el camino más corto puede ser peligroso.

- Eh, veamos quién llega antes... -dijo Dan de pronto.

- ¿Qué? -pregunté, riendo.

- ¡Vamos! -exclamó.

Y sin previo aviso, Dan echó a correr por las calles, mientras el sol se ocultaba en el horizonte. Quise seguirle, pero la risa me impidió correr. Sacudí la cabeza, y traté de correr, pero Dan ya me sacaba mucha distancia.

Y entonces, me quedé paralizada. Una voz que me congeló la sangre, que me congeló los músculos.

- Eh, Princesa. ¿Eres tan valiente cuando estás sola?

Frené en seco, y sentí los músculos agarrotados. Esa voz me era familiar. Me disponía a girarme, cuando el hombre que había hablado me cubrió la boca con su mano, y con la otra, rodeó mi vientre, pegándome a su cuerpo.

Con su fuerza, tiró de mí, y quise gritar, para que Dan frenara y se girara. Pero no podía.

Perdí de vista a Dan en cuanto una pared lo tapó; me habían metido en un callejón. Mi corazón vibró de puro miedo, y mi mente intentó calmarme. Pero me era imposible. Mi ritmo cardiaco era demasiado acelerado.

Me empujó hacia el solitario callejón, el cual no tenía escapatoria, a la vez que me soltaba. Me tambaleé, y estuve a punto de caer, pero conseguí mantener el equilibrio. Alcé la vista, y ante mí había otros dos hombres, cruzados de brazos, y mirándome con una expresión burlona y divertida en el rostro. Di dos pasos hacia atrás, para alejarme de ellos. Pero la voz de tercer hombre me hizo girar con rapidez y frenar.

- Me gustaría comprobarlo, Princesa. -añadió, como escupiendo las palabras.

Temí que me fallaran las piernas. "Dan, por favor, vuelve. Dan, date la vuelta. No estoy, vuelve a por mí."

- Qué queréis. -gruñí, tratando de parecer valiente.

- Noto el miedo en tu voz, Princesa. -respondió el que me había agarrado. -Tranquila. Sólo vamos a divertirnos un poco.

Cuando le miré fijamente a la cara, supe de quién se trataba. "Es el hombre al que echaste de tu barco. Son... son algunos integrantes de la antigua tripulación."

- ¿Y tú eres aquí el valiente? -gruñí, tratando de parecer firme. -¿Vienes a intimidar a una chica con otros dos hombres?

Apreté los puños, para calmar el temblor de mi pulso acelerado. "Dan, vuelve. Vuelve."

- Oh, querían estar presentes, simplemente. Uno nunca desea perderse un espectáculo de esta calidad, ¿no crees?

Sus palabras me produjeron escalofríos. Pero tenía que ser valiente y mantener la calma.
Tragué saliva. No me creía, para nada, tan fuerte como para salir victoriosa en una pelea contra ellos. O, espera... tal vez sí. Sólo si utilizaba la ventaja de la que disponía; el cuchillo que siempre llevaba en la bota.

Entrecerré los ojos, y asentí. Era fuerte. Yo era Katherine Greenwood. No podía tener miedo. Pero... lo tenía.

- ¿Qué pretendéis hacer con una joven indefensa? -inquirí, tratando de hacer que pasara el tiempo, para alargar aquello y darme más esperanza.

- Dejarle claro que no es superior a nosotros. -hizo una pausa. -Nos echaste de un barco, sin saber que nosotros podíamos echarte del mundo. -añadió.

Dios un paso hacia mí, y yo, a mi vez, retrocedí, sin darme cuenta de que al otro lado, estaban los otros dos hombres. "Es grande. Pues tratar de esquivarle, tal vez no consiga atraparte. Y después, puedes correr hasta llegar a la posada. El caso es salir de aquí."

Si siguiera siendo la Katherine fría y valiente de antes, tal vez me hubiera quedado y hubiera peleado con valentía, para demostrarle que era fuerte. Pero hacía mucho que no me defendía en una situación así, porque... Patrick me había hecho creer que era una mujer muy débil, me había demostrado que tenía poder sobre mí.

Y si él lo había tenido, aquellos tres hombres tenían el triple.

Mi cerebro creía eso. Pero en el fondo de mi corazón, la Katherine de antes se negaba a pensar eso. "No son mejores, ni más fuertes. Recuerda quién eres; Katherine Greenwood, la Princesa de los Mares. Has salido victoriosa en peleas peores que ésta."

Pero no las tenía todas conmigo, sobretodo porque estaba débil, y había perdido mucha agilidad y destreza.

- En tu barco puedes ser lo superior que quieras. En tu barco puedes tener poder sobre nosotros. Pero, querida Princesita... fuera de él, nosotros tenemos poder sobre ti. -escupió el hombre. -Eres una simple mujer. Una joven débil y vulnerable. Y deberías saber que cualquier hombre tiene poder sobre una joven débil y vulnerable.

Tragué saliva, y sentí el miedo en mi estómago, al igual que el nudo de mi garganta. Pero sus palabras encendían la ira de mi interior. ¿Débil? ¿Ellos, poder sobre mí?

- No lo niegues, Princesa. Aquí, y ahora, no eres la Princesa de los Mares. Eres una joven que está bajo nuestro poder. Por lo tanto, podemos hacer absolutamente todo lo que queramos contigo. Y no intentes resistirte, porque sabes que no tienes ninguna posibilidad.

Sabía que sus palabras eran serias, pero sentí la enorme necesidad de reír. No supe muy bien por qué, pero eso hice.

- ¿Agredir a una joven os hace más valientes, os hace superiores? -reí.

El hombre enarcó una ceja, y se encogió de hombros.

- Sí, Princesa. Sobretodo si esa joven se creyó en su momento superior a nosotros. Y una mujer, jamás es superior a nosotros.

Noté el enfado en su voz, y supe que era mejor parar. Yo le estaba enfadando. Y si no salía de ahí, lo que podrían hacerme sería doblemente peor.
Solté una suave carcajada, y en ese momento, una intensa luz en mi mente.

Una palabra.

"Corre."

Y eso hice. Eché a correr hacia él, y me encogí sobre mi misma para esquivar su brazo. Pero aquello no salió como había planeado.

En vez de seguir corriendo calle arriba, lancé un grito de dolor en cuanto mi espalda chocó contra la pared del callejón.

Estaba atrapada.



13 comentarios:

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    1. Addfsdwgfdhewf muchísimas gracias, cielo :) <33

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  2. Escalofríos por todo el cuerpo es lo que puede describir este capitulo. ¿cómo puedes escribir tan sumamente perfecto? PREGUNTO, haces que me meta en la historia, que lo vida, haces que me enganche y quiera leerte una y otra vez desesperada.

    Y no puedes dejarme así ahora, por favor, es que me muero por saber que ocurre :'( Voy a llorar o algo por el estilo. No me lo merezco jo :(

    Te he dicho que eres mi historia favorita y te mereces estar arriba de la lista y cuando lo digo lo hago totalmente en serio. ASDFGHJKL <- esto se inventó para describir tu historia !

    Tu mayor fan :3

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    1. Escalofríos por todo el cuerpo es lo que puede describir este comentario :') Me hago la misma pregunta, pero no para mí, sino para ti :3 Jo, que me digas eso es increíble, de veras, pues es lo que intento.... :___)

      Sé que soy mala por dejaros así, y espero arreglarlo subiendo el siguiente cuanto antes, la verdad. :)

      Adsehfh ahora es cuando lloro yo, porque me he emocionado demasiado con este comentario :))))

      Un besazo, Amdrea, e infinitas gracias por todo :')

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  3. DIOS! PERFECTO... No tardes en subir el siguiente porqué moriré! Madre mía !!!!!!!!! ¿CÓMO ME HACES ESTO? MALAAAA JAJAJAJA Madre mía... uf... Tengo una mala impresión, creo que le pasará algo :(
    Bueno, que es genial y me encanta!!!!! ES QUE ES PERFECTO, MADRE MIA. Por cierto, me ha encantado eos párrafos de celos jijijiji
    Un kiss.

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    1. Adsghdefhwfgwhgvhfgrgh qué emoción :') NOOOO NO MUERAS D__: Que hay gente que te necesita viva...! No puedo asegurar nada, pero tal vez no la pase nada eh :3 Tal vez lo peor sean otras cosas ^^ Y ahí lo dejo xD
      Jo, cielo, muchísimas gracias por tus palabras! De verdad que me emociono eh :') Es que Katherine... cuando está celosa... JAJAJAJJA
      Un besazo, María ^^

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  4. deu meu k intensoo por favor no tardes demasiado en subir el proximo porfa por k sino me morire!!!!!!
    PD:espero k mucha gente vote por ti en el concurso
    besos;)
    E:S:T:A:R: S:I:N: T:I: TE HAS FIJADO NO HAY NINGUNA CARITA FELIZ...

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    1. Jo, muchísimas gracias Anónimo!!! :D Intentaré subirlo cuanto antes, sé que he tardado muchísimo en contestar comentarios y en dar señales de vida.... :( Y espero poder subir pronto!
      Awwwww muchísimas gracias por ese apoyo!
      Adgfhghdfsfdgfhg me has matado con lo último *_____*
      Un beso!

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  5. que fantástico capitulo de verdad escribes muy bien!
    ademas no dejas de subir capítulos y de verdad tu constancia es admirable
    bueno también me preguntaba si podías afiliarme mi blog es http://amoresenpaginas.blogspot.com/
    eso
    saludos

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    1. Muchísimas gracias por tu comentario, Cata!
      *___* Muchas gracias por eso, Cata, de verdad, aprecio mucho lo que pensáis :')
      Por supuesto, ahora mismo!
      Un beso!

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    2. por nada es la pura verdad jajaja
      muchas gracias
      saludos!

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  6. Un cap perfecto, sube pronto guapa!!!!
    Que nos has dejado un final de paro cardíaco, jeje.
    Muchos besos, superescritora.

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    1. ¡¡Muchas gracias, Bella!! ^^
      ¿En serio? No pretendía mataros JAJAJAJA Pues... en serio, no pretendía dejaros muy enganchados jajaj
      Un besazo, cielo!

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