Diario del Mar
"Me llamo Katherine Greenwood Wells, tengo dieciocho años. Nací en una cuna hecha de olas, mecida por el vaivén del maravilloso océano. El mar corre por mis venas. Mi madre se llamaba Anne Wells, y falleció cuando yo había cumplido seis años. Mi padre, Alfonso Greenwood, me enseñó todo lo que sé sobre el mar, pero por desgracia, desapareció hace dos años, sin dejar rastro. Y desde entonces, no he dejado de buscarle."
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martes, 12 de agosto de 2014
DDM: Capítulo 89
¡Hola a todos!
Sé que es raro en mí, pero hoy he decidido subir el capítulo 89... Como ya os dije en el anterior, no estoy segura de que vaya a poder subir con frecuencia capítulos, así que he decidido subir hoy otro, ahora que puedo...
Espero que os guste y mil gracias por todo :)
Dan se levantó sobresaltado y casi gritó:
- ¿Qué está ocurriendo?
- Debe de ser una tormenta. -contesté, levantándome de la cama.
Ambos salimos con rapidez fuera del camarote, para confirmar mis palabras; unas nubes tan negras como las de mi pesadilla se cernían sobre nosotros, y el mar estaba tan revuelto que hasta yo sentí miedo.
Me sequé las lágrimas como pude, y me abalancé sobre el timón, tratando de controlar la nave que se desequilibraba cada vez más.
- ¡¡¡Cerrad la bodega!!! -fui lo primero que grité.
No toda la tripulación estaba en la cubierta, pero si los suficientes como para hacer lo que yo acababa de decir. Ni Jacob, ni Diana, ni Liv estaban en la superficie, y eso me alivió.
Aún sentía el dolor que me había causado la pesadilla y la falsa imagen de Harry vivo... pero me concentré en el timón y en no echarme a llorar, pues eso era lo más importante; mantenerme fuerte.
Dan se colocó a mi lado, ayudándome a controlar el timón. Pero las olas eran demasiado fuertes, la lluvia empapa todo y la fuerza del viento era descomunal. Nuestros esfuerzos eran en vano; el barco se movía intensamente.
He de admitir que esa fue la primera y única tormenta en la que pasé miedo de verdad.
- ¡¡El mar está demasiado revuelto!! -grité, tratando de hacerme oír sobre los truenos que retumbaban por encima de nuestras cabezas.
Dan contestó con un "sí" alto y claro, sin saber qué más decir.
Los pocos tripulantes que había sobre la cubierta ya habían cerrado la bodega y corrían de un lado a otro, arrastrados por el propio barco inclinándose.
Mi corazón latía con demasiada fuerza. Era como despertarse de una pesadilla que continuaba en la vida real. Literalmente.
De pronto, una enorme y brutal sacudida nos hizo perder el equilibrio y caer al suelo, para ser arrastrados hacia la barandilla oeste del barco. El timón quedó totalmente descontrolado, girando con una rapidez desmesurada, y traté de levantarme, pero me fue prácticamente imposible, pues las embestidas de las olas contra mi nave no paraban.
Dan me sujetó por un brazo y trató de impulsarme hacia arriba. Justo cuando creía que podía mantenerme en pie, otra ola que llegó incluso a cubrir la cubierta principal, embistió el barco y volví a caer, esta vez haciéndome daño en el tobillo izquierdo y en el hombro, derecho.
Y ahí estábamos, como si fuéramos hormigas en el ojo de un huracán. Lo vi todo perdido.
Me arrastré por el suelo como pude, acercándome al timón, con Dan haciendo lo mismo por detrás. El barco se inclinó peligrosamente otra vez, y nuestros cuerpos se deslizaron por la madera como si fuéramos marionetas. Estiré los brazos y me aferré a las barras de la barandilla que había al lado del timón. Dan se agarró a mi tobillo, lo que me produjo un dolor intenso en la pierna de la que Dan tiraba. Y en ese instante que duró apenas un segundo, sentí que me iba a romper en dos, y seguidamente, mis dedos se vieron incapaces de aguantar mi peso y el suyo, así que decidieron soltar su agarre, y entonces los dos nos arrastramos en forma de pelota por la cubierta, retorciéndome músculos que ni siquiera sabía que existían.
Mi espalda chocó contra la barandilla, y supe lo que iba a pasar a continuación. Supe que iba a caer. Y supe que me iba a ahogar. Que iba a morir.
Supongo que no todos estamos destinados a vivir una vida larga, y menos si tienes la valentía de enfrentarte al mar.
Pero entonces, Dan sujetó mi mano, impidiendo que mi cuerpo cayera al vacío.
El miedo corría por mis venas, y sentía que iba a desfallecer. Me dolía demasiado el brazo, al igual que el hombro, y me era imposible dejar de gemir. Dan me ayudó a saltar la barandilla para volver a la cubierta, y otro zarandeo nos obligó a caer al suelo, de nuevo.
Dan me rodeó con ambos brazos, tratando de protegerme de los golpes y del propio mar, y tal vez de l que iba a ocurrir a continuación.
- Vamos a morir, ¿verdad? -grité cerca de su oído, creyéndome mis propias palabras.
No iba a luchar más. No podía. Sabía que era una batalla perdida. Y cuanto más me lo repetía, más dudaba en si me refería a una batalla perdida contra el mar o contra mi propia vida.
Quizá se trataba de mi vida.
Quizá lo más fácil era rendirse del todo.
- ¡No! -contestó él, seguro y firme.
Ojalá pudiera creerle.
Y entonces lo vi, por encima del hombro de Dan.
Aquella enorme y oscura masa de agua en forma de ola gigante que se acercaba a nosotros y que se cernía sobre nuestro barco como si fuera el mismo cielo. Y me arrepentí de haber mandado que cerraran la bodega, porque sabía que los que estaban dentro iban a tener una muerte segura.
Recuerdo la negrura que nos cubrió. Y recuerdo que lo último que pensé fue que deseaba de todo corazón que Jacob y Liv y Diana pudieran abrir la bodega, y al menos intentar escapar de aquella ola gigante que engulló nuestro barco y lo hizo desaparecer en la oscuridad del mar, de la muerte.
***
Dolor. Frío. Mucho frío. Y mucho dolor también.
¿Quién era yo...? ¿Qué era yo...?
Negrura.
La más terrible oscuridad me rodeaba.
Pero de pronto, vi una chispa. O tal vez no la vi, simplemente la sentí.
Un hormigueo en alguna parte de mi cuerpo, no llegaba a adivinar cuál era. El hormigueo se acentuó, y supe que se trataba de mis pulmones y mis extremidades. De mi pecho en general.
Otra chispa.
Y supe que tenía que hacer algo.
Y con algo me refería a movimiento.
Agité lo que tenía por piernas y brazos, sin saber exactamente hacia dónde iba, pues ni siquiera sabía si estaba cerca de la superficie.
Me moví aún con más desesperación, mientras mis pulmones ardían por la falta de aire. Ya no podía siquiera mantener los ojos abiertos. Más oscuridad.
Y recuerdo que el rostro de Harry acudió a mi mente. Supongo que eso sólo podía significar una cosa; que estaba muerta. Y si no lo estaba era porque iba a estarlo en escasos segundos.
Pero antes de que mi cerebro se apagara del todo y la oscuridad fuera aún más oscura y fría, el rostro de Jacob inundó mi mente, y pensé que quizá, y sólo quizá, sí había esperanzas.
¿De qué?
No lo sé.
lunes, 11 de agosto de 2014
DDM: Capítulo 88
¡Hola todos (los que seguís ahí)!
Vuelvo a subir el capítulo 88, pues debí subirlo antes que el 87 y claro... Algo fallaba en el orden jajajaja.
Siento estar desaparecida durante tanto tiempo, y para ser sincera, ahora mismo no puedo prometeros subir con más frecuencia ni nada parecido... Quizás haga como mucho eso de programar las entradas para subirlas automáticamente, pero ya veré. El motivo por el cual voy a estar más ausente de lo debido, al menos más adelante, es mi mudanza. Sí, hace unos días que no estoy en España... Y bueno, como una adolescente normal fuera del país, también voy a ir al colegio, y es un tema que me tiene un poco estresada... Así que digamos que los estudios en unos días me van a mantener muy entretenida.
Gracias por entenderlo, en serio, y gracias a todos aquellos que seguí leyéndome :)
Vuelvo a subir el capítulo 88, pues debí subirlo antes que el 87 y claro... Algo fallaba en el orden jajajaja.
Siento estar desaparecida durante tanto tiempo, y para ser sincera, ahora mismo no puedo prometeros subir con más frecuencia ni nada parecido... Quizás haga como mucho eso de programar las entradas para subirlas automáticamente, pero ya veré. El motivo por el cual voy a estar más ausente de lo debido, al menos más adelante, es mi mudanza. Sí, hace unos días que no estoy en España... Y bueno, como una adolescente normal fuera del país, también voy a ir al colegio, y es un tema que me tiene un poco estresada... Así que digamos que los estudios en unos días me van a mantener muy entretenida.
Gracias por entenderlo, en serio, y gracias a todos aquellos que seguí leyéndome :)
Parpadeé varias veces seguidas, hasta que mi visión se despejó del todo. Me sentía demasiado cansada como para levantarme de entre las sábanas, pero algo me dijo que mejor cuanto antes.
Miré a mi alrededor, y fui consciente de que Dan no estaba tumbado en la cama. Y justo en ese instante, entró por la puerta, con una amplia sonrisa en los labios.
- ¡Vamos, despierta!
Su voz sonaba alegre, tanto, que creía estar yo también alegre. Me incorporé, sonriéndole, y acepté la mano que me tendía para ayudarme a levantar.
- Hace un día precioso. Es un día precioso.
Sus ojos brillaban, pero no me pareció extraño. Su alegría me contagiaba, y eso me gustaba. Me tendió mi ropa y esperó pacientemente a que me cambiara.
- ¿A qué viene tanto... no sé, alboroto? ¿Felicidad? ¿Alegría? -inquirí, riendo.
- Simplemente es un día precioso, Katherine. ¿No te parece eso suficiente?
Me encogí de hombros, aceptando esa respuesta. Dan y yo salimos de mi camarote, y el sol me deslumbró. Demasiado brillante, como si estuviéramos en pleno verano. El cielo azul claro se reflejaba en el mar, y no había ninguna nube a nuestro alrededor.
Dan tenía razón en cuanto a lo precioso que era el día.
- Katherine, tenemos algo que decirte...
Estoy segura de que mi corazón se paró por una milésima de segundo. Pero recuperó su ritmo normal en cuanto vi la sonrisa en el rostro de Dan. No podía ser algo malo.
- ¿Qué ocurre?
Dan dirigió su mirada hacia la bodega del barco, por la cual salió Jacob, tan radiante y magnífico como siempre. Pero a juzgar por sus caras, supe que esa no era precisamente la sorpresa; Jacob no se iba a declarar ni nada por el estilo, ni tampoco iba a besarme como lo hubiera deseado.
Seguí con la mirada fija en la bodega, expectante, cuando de pronto, Diana ascendió por las escaleras, con lágrimas en los ojos y brillando como si fuera el propio sol de felicidad. Tenía la vista clavada en algo a sus espaldas... o mejor dicho en alguien.
Mi corazón latía cada vez con más fuerza, hasta que una figura masculina perfectamente definida apareció de la bodega, sosteniendo entre sus brazos a Kathlyn... a su hija.
No puedo decir con exactitud si morí en aquel instante porque mi corazón dejó de funcionar o porque mis pulmones se olvidaron de cómo coger aire. Pero fue alguna de las dos opciones.
- ¿Ha... Harry...? -mi voz fue tan leve que temí que no me hubiera oído.
Las lágrimas inundaron mis ojos con rapidez, totalmente en blanco.
- ¿Harry...? -repetí.
Harry sonrió. Era su sonrisa. Sus ojos brillaban más que nunca, jamás le había visto tan vivo, ni tan feliz, ni tan... Me había quedado sin palabras. Harry.
Harry estaba allí.
De pie.
Sosteniendo a Kathlyn, con Diana.
Y me pregunté si aquello era real, porque me pareció imposible.
Me temblaban las piernas, me temblaba todo el cuerpo, y no fui capaz de aguantar el llanto. Automáticamente corrí hacia Harry, que me recibió con los brazos abiertos, después de entregarle a Kathlyn a Diana.
- Kathy... Oh, mi Kathy... -susurró en mi oído.
- Harry. -sollocé. - ¡Harry, estás aquí!
Tuve la sensación de que todo el universo podía oírme gritar aquello, aquella palabras tan llenas de felicidad por el retorno de alguien que creía completamente muerto.
No sabía por qué, pero no era capaz de decir nada más, así que me limité a no soltarle. Le rodeé entero, sujetando su torso con fuerza, aferrándome a él con todas mis fuerzas, sintiendo cómo la vida latía en su interior. Sintiendo cómo su corazón golpeaba su pecho, sobre el cual yo me apoyaba.
No me creía capaz de abrazar con tanta fuerza, pero ahí estaba yo. Sollozando por lo que estaba ocurriendo, abrazando a mi mejor amigo, al que jamás pensé que volvería a ver.
- Estoy aquí... Siempre lo he estado, lo sabes. Te lo prometí, aunque no fuera físicamente.
Asentí, con la cara empapada en lágrimas, segura de que daba pena mirarme, pero no me importaba, porque Harry estaba allí. Conmigo. Con Diana.
No me lo creía. Es que no podía creérmelo.
Y entonces, llegó el momento que siempre lo arruina todo.
Nubes negras aparecieron de la nada, cubriendo el cielo que antes era tan bello, rugiendo y amenazándonos con rayos y truenos, que pronto se convirtieron en una pesada lluvia.
Quise gritar y preguntar qué estaba ocurriendo, pero era como si el mundo se hubiera tornado silencioso, pues yo movía los labios, pero de mi garganta no salía ningún sonido. Tampoco del resto de personas.
De pronto, el barco se zarandeaba con fuerza entre la olas, las cuales lo golpeaban de manera amenazante. Y no pude hacer nada.
Me quedé clavada en el suelo, viendo cómo Harry se deslizaba hasta la barandilla del barco y caía por la borda en el torbellino de aguas oscuras que estaba a punto de tragarnos a todos, sin si quiera gritar, con su rostro serio y sin emoción alguna.
Fue en ese momento de shock cuando abrí los ojos realmente, y me di cuenta de que no estaba en medio de una tormenta huracanada, sino en mi camarote, en la cama, empapada en sudor frío.
Harry tampoco estaba allí. Nunca lo había estado. Porque sólo había sido una pesadilla.
Una pesadilla que me hizo darme cuenta de que estábamos cerca de la Isla de las Voces, pues algo tan malvado y cruel no podía venir de mi propio subconsciente.
Y la fuerte sacudida que sufrió mi barco en aquel momento lo confirmó.
viernes, 11 de julio de 2014
DDM: Capítulo 87
¡Hola a todos (si es que alguien sigue ahí después de tanto tiempo xD)!
Voy a limitarme a pedir perdón y a no prometeros nada, pues hasta la hora, habéis comprobado que no es que haya cumplido mis promesas de subir más a menudo... Espero que de todas formas, sepáis que lo siento muchísimo, pero es que últimamente no encuentro tiempo para hacerlo... Lo que sí os prometo es que no dejo de pesar en la historia y en que la voy a terminar. Eso lo prometo.
Y si ahora mismo hay alguien leyendo esto... muchísimas gracias por seguir aquí, por seguir leyendo esta historia que se llega por el capítulo 88 ya. Muchísimas gracias por seguir apoyándome y por hacerme sentir que a alguien le interesa lo que escribo... <3
Un beso enorme.
Me levanté por culpa de los movimientos inquietos y violentos de Dan a mi lado. Abrí los ojos como pude, y enfoqué la vista hasta ser consciente de que Dan no se estaba despertando de manera brusca, sino que estaba ya completamente preparado y me zarandeaba para despertarme.
- Buena forma de empezar el día... -solté con la voz ronca, en una especie de gruñido.
Volví a cerrar los ojos y le di la espalda, dispuesta a volverme a dormir. No tenía muchas ganas de levantarme y ver a Jacob sobre la cubierta. Además, la noche anterior me había dejado por los suelos y mi dolor de cabeza me había impedido dormir bien, así que no me encontraba en mi mejor momento.
- Vamos, capitana, ¿no se supone que deberías ser la primera en estar en pie...?
- La verdad es que debería ser muchas cosas, pero resulta que no lo soy, así que... -refunfuñé, mientras mis ganas de salir de mi camarote disminuían más y más.
Pude imaginarme a Dan poniendo los ojos en blanco, e inmediatamente después me obligué a sacar fuerzas de no sé dónde para ponerme en pie. Me froté los ojos y me estiré de manera exagerada.
Conseguí despertarme del todo y vestirme antes de que Dan me besara dulcemente. Y me sentí terriblemente culpable por no sentir lo mismo que solía sentir cada vez que me besaba de esa manera, por pensar en Jacob y desear que fuera él...
No.
Corté esos pensamientos y me obligué a sonreír.
Dan me confesó que era bastante pronto, así que no me sorprendió que la cubierta estuviera casi desierta, a excepción de tres tripulantes que enrollaban una cuantas cuerdas para izar las velas. Observé el mar aquella mañana. El cielo se reflejaba en las aguas activas que mecían mi embarcación. El sol brillaba con intensidad y no había ninguna nube que amenazara con estropear el día.
Me apoye en la barandilla, justo en la misma parte en la que había estado la noche anterior... Una punzada de dolor atravesó mi corazón. Más bien de humillación.
Sentí las manos de Dan acariciando mi espalda y masajeando mis tensos músculos.
- Tengo la sensación de que esta noche no has dormido muy bien. -susurró cerca de mi oído.- ¿Más pesadillas?
"Sí. Una muy real."
- No, no, tranquilo. Anoche tuve un fuerte dolor de cabeza que me hizo polvo... No fueron las pesadillas, tranquilo.
La mayoría de las noches que las pesadillas me asaltaban, Dan estaba demasiado dormido como para darse cuenta. Y yo sabía que no era su culpa, y que no pretendía darme a entender que no le importaba, pero no lograba evitar compararle con Jacob... Sabía que él se levantaría todas las noches cada vez que yo hiciera el mínimo ruido o el mínimo movimiento, cualquier mínima señal de que las pesadillas me estaban acosando...
"Te abandonó. No intentes buscar excusas que te hagan perdonarle. ¿O es que acaso no recuerdas lo de anoche?"
- Deberías haberme despertado pues.
- No, ¿por qué lo haría? Es un simple dolor de cabeza, no creo que vaya a morir por eso...
Oí su risa juntó a mi oreja y un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Dan me dio la vuelta con lentitud hasta colocarme frente a él. Sus labios no tardaron en besar los míos y sus manos no tardaron en rodear mi cuerpo.
Traté de olvidarme de todo por un momento, de obligarme a quererle como se merecía, de obligarme a encontrar esos sentimientos que una vez sentí hacia él, pero... apenas podía. Apenas podía por culpa de los ojos esmeralda de Jacob, que me miraban desde el fondo de mi mente, ardiendo, mostrándome todo tipo de emociones desde amor, odio, tristeza, dolor, pasión...
De pronto, Dan se movió bruscamente, como si hubiera sido golpeado por algo. Y en efecto, así fue.
Se apartó de mí con rapidez, girándose para buscar al culpable de aquel golpe, llevándose la mano a la cabeza. Miré hacia abajo, topándome con una bota marrón oscuro en el suelo, a los pies de Dan, y no pude evitar reírme. Cuando alcé la vista, vi a Jacob de pie en la cubierta, con un brazo en al aire como si estuviera pidiendo disculpas.
- ¡Dios mío! Perdóname, Dan. No quería hacerlo aposta...
Se acercó a nosotros, dirigiéndome una mirada que no fui capaz de descifrar... ¿o sí? Aquella mirada era de complicidad. Llena de diversión, y no de enfado ni desprecio hacia mí.
Se agachó para recoger la bota y volver a ponérsela y al erguirse le dirigió una media sonrisa a Dan, el cual estaba a punto de pegarle un puñetazo.
- Lo sé, tengo una puntería de miedo, no hace falta que lo jures. Pero no te lo tomes a mal, no pretendía interrumpiros ni nada por el estilo...
- ¿Estás seguro? Porque a mí me parece lo contrario. -resopló Dan, temblando de la furia.
Jacob se encogió de hombros y antes de girarse, me dirigió otra mirada traviesa que me hizo temblar de la emoción.
- Te juro que le mataría. Sin dudarlo.
"Ya, bueno, eso sería si yo te lo permitiera."
***
- Creo que debemos hacerlo, mi capitana. -añadió Olivia, con voz firme.
Me pellizqué el puente de la nariz, barajando las posibilidades de hacer lo que pretendía hacer.
- La Isla podría estar en peligro. La Sangre Marina se encuentra en claro peligro, tal y como nos has demostrado el grupo anti-Sangre Marina. Estoy segura de que son muchos los que quedan, y no se van a rendir. No hasta que estéis muertos y hayan condenado a la Sangre Marina a la extinción. Buscarán la manera de acabar con todo.
Cerré los ojos, y me imaginé a mí misma muriendo, al lado de Jacob, a manos de los secuaces de la reina. Muriendo y acercándoles más a la victoria.
No estaba dispuesta.
- Está bien. -dije con voz firme.
Todos se callaron, sorprendidos por mi acceso. Diana parpadeó y se mordió el labio inferior, para después desviar la mirada.
Sabía que no sería lo mejor para ella. Tampoco estaba segura de que sería lo mejor para mí, no después de todo lo que había ocurrido en esa Isla.
Pero estaba segura de que tenía que acabar con todo de alguna manera, y esa manera era yendo a la Isla de las Voces. No importaba cuánto dolor me iba a producir, ni cuántos recuerdos llenarían mi mente, ni cuántos espectros malignos iban a torturarme viva.
- ¿Estás segura de que quieres ir? -susurró Dan en mi oído, rodeándome con un brazo.
Asentí, completamente segura. No sabía cuánto iba a durar esa seguridad, pero esperaba que lo suficiente como para no arrepentirme en el último momento.
Sabía que iba a ser difícil, y que quizá no era la mejor idea, perp también sabía que la Sangre Marina no iba a desaparecer tan fácilmente, no si había alguna solución. No si yo podía evitarlo.
- Si la Isla muere, vosotros morís. La Sangre Marina muere. -añadió Olivia, en tono bajo y algo oscuro.
Lo que no sabía era que tal vez, la solución no era lo que esperábamos.
***
Nos dirigíamos a la Isla de las Voces. Después de parar en un puerto que desconocíamos de la costa, y coger provisiones para más de un mes, partimos hacia nuestro destino.
Nos llevaría largos días y largas noches en los que pondría en duda mi decisión. Pero no podía sucumbir a mi miedo y a mi cobardía.
Estaba convencida de que era lo correcto; no podíamos huir del problema por más tiempo. La Isla era nuestra preferencia, era lo que supuestamente nos daba la vida. No podíamos permitir que los secuaces de la reina nos destruyeran.
Debíamos proteger a la Isla. Por muy odioso que me pareciera.
El viento me azotaba el rostro, permitiéndome aspirar el olor salino del mar. Estaba completamente sola en la cubierta, admirando la puesta de sol, pensando en mil cosas y en ninguna, cuando alguien se colocó silenciosamente a mi lado.
Mi corazón se aceleró, pero permanecí impasible. Por supuesto que sabía quién era, y me temí estar a punto de presenciar otro momento incómodo y humillante por su parte. No me hacía ninguna gracia volver a oírle decir cosas hirientes.
- Así que has decidido ir a la Isla de las Voces. -murmuró.
Asentí con la cabeza, sin mirarle.
- Creo que es lo que debemos hacer. Hemos olvidado por completo que existe, hemos estado huyendo de su importancia y relevancia sobre nuestras vidas. Lo hemos dejado de lado, y creo que es nuestra mayor prioridad en estos momentos.
Jacob no dijo nada, ninguno de los dos dijo nada, al menos por unos segundos.
- Katherine...
Su voz fue tan leve y suave que por un segundo pensé que me lo había imaginado. Me debatí entre alzar la vista y mirarle o quedarme totalmente quieta, con la mirada fija en el horizonte.
- Lo siento.
Lo soltó de golpe, sin andarse con rodeos.
- Es decir... siento lo que te dije anoche, yo...
- No pasa nada. Fuiste honesto, ¿no? No te puedo odiar por decirme lo que de verdad sientes. Lo acepto y lo asumo. Está bien. -le corté recordando lo que había ocurrido.
Jacob se quedó callado, mirándome con la boca entreabierta, sin saber qué decir.
- No, Katherine, no lo entiendes...
- Sí, lo entiendo. A la perfección. No hace falta que te expliques. -solté. -No tienes por qué seguir...
Me callé.
No tienes por qué seguir ¿qué? ¿Amándome? ¿Protegiéndome?
Jacob estaba expectante, pero yo no podía continuar con la frase.
- No tienes por qué seguir... en fin, ya sabes lo que quiero decir.
Pude ver la tristeza en sus ojos, la decepción.
- Katherine, no sé por qué lo dije... Tienes que creerme... Sabes que me importas...
- Estás bien. -volví a cortarle. -Creo... creo que no deberíamos seguir por ese camino.
Sabía que más tarde me arrepentiría de aquellas palabras, pero en aquel momento pensé que sería lo más correcto. No podía dejar que Jacob dominara mi vida, ni que tuviera el impacto que tenía sobre mí. No podía permitirlo. Porque sabía que iba a acabar herida, como siempre. O tal vez estaba demasiado asustada de perderle o de que me odiara... Tal vez lo mejor era sentir, pero en secreto.
Amar, pero en secreto.
***
Habían pasado veinte días desde el momento en que corté el perdón de Jacob. Y desde que me arrepentí de haberlo hecho.
Pero me obligué a mantenerme firme ante su presencia; Jacob tampoco volvió a intentarlo. Supongo que todo era mejor así... Supongo que nuestro destino era estar separados, vivir vidas diferentes y no unidas.
Aunque algunas noches me costaba creerlo. Y esa noche, veinte días después, fue una de ellas.
Me tumbé boca arriba en la cama, estando Dan ya completamente dormido, y traté de conciliar el sueño. Jacob no salía de mi mente, y no sé cuánto tiempo estuve tratando de pensar en otras cosas, como en Dan, en sus besos, en sus abrazos...
Tampoco sé cuánto tardé en quedarme dormida. Pero lo hice, pensando que la mañana siguiente sería un nuevo día, un nuevo comienzo.
Voy a limitarme a pedir perdón y a no prometeros nada, pues hasta la hora, habéis comprobado que no es que haya cumplido mis promesas de subir más a menudo... Espero que de todas formas, sepáis que lo siento muchísimo, pero es que últimamente no encuentro tiempo para hacerlo... Lo que sí os prometo es que no dejo de pesar en la historia y en que la voy a terminar. Eso lo prometo.
Y si ahora mismo hay alguien leyendo esto... muchísimas gracias por seguir aquí, por seguir leyendo esta historia que se llega por el capítulo 88 ya. Muchísimas gracias por seguir apoyándome y por hacerme sentir que a alguien le interesa lo que escribo... <3
Un beso enorme.
Me levanté por culpa de los movimientos inquietos y violentos de Dan a mi lado. Abrí los ojos como pude, y enfoqué la vista hasta ser consciente de que Dan no se estaba despertando de manera brusca, sino que estaba ya completamente preparado y me zarandeaba para despertarme.
- Buena forma de empezar el día... -solté con la voz ronca, en una especie de gruñido.
Volví a cerrar los ojos y le di la espalda, dispuesta a volverme a dormir. No tenía muchas ganas de levantarme y ver a Jacob sobre la cubierta. Además, la noche anterior me había dejado por los suelos y mi dolor de cabeza me había impedido dormir bien, así que no me encontraba en mi mejor momento.
- Vamos, capitana, ¿no se supone que deberías ser la primera en estar en pie...?
- La verdad es que debería ser muchas cosas, pero resulta que no lo soy, así que... -refunfuñé, mientras mis ganas de salir de mi camarote disminuían más y más.
Pude imaginarme a Dan poniendo los ojos en blanco, e inmediatamente después me obligué a sacar fuerzas de no sé dónde para ponerme en pie. Me froté los ojos y me estiré de manera exagerada.
Conseguí despertarme del todo y vestirme antes de que Dan me besara dulcemente. Y me sentí terriblemente culpable por no sentir lo mismo que solía sentir cada vez que me besaba de esa manera, por pensar en Jacob y desear que fuera él...
No.
Corté esos pensamientos y me obligué a sonreír.
Dan me confesó que era bastante pronto, así que no me sorprendió que la cubierta estuviera casi desierta, a excepción de tres tripulantes que enrollaban una cuantas cuerdas para izar las velas. Observé el mar aquella mañana. El cielo se reflejaba en las aguas activas que mecían mi embarcación. El sol brillaba con intensidad y no había ninguna nube que amenazara con estropear el día.
Me apoye en la barandilla, justo en la misma parte en la que había estado la noche anterior... Una punzada de dolor atravesó mi corazón. Más bien de humillación.
Sentí las manos de Dan acariciando mi espalda y masajeando mis tensos músculos.
- Tengo la sensación de que esta noche no has dormido muy bien. -susurró cerca de mi oído.- ¿Más pesadillas?
"Sí. Una muy real."
- No, no, tranquilo. Anoche tuve un fuerte dolor de cabeza que me hizo polvo... No fueron las pesadillas, tranquilo.
La mayoría de las noches que las pesadillas me asaltaban, Dan estaba demasiado dormido como para darse cuenta. Y yo sabía que no era su culpa, y que no pretendía darme a entender que no le importaba, pero no lograba evitar compararle con Jacob... Sabía que él se levantaría todas las noches cada vez que yo hiciera el mínimo ruido o el mínimo movimiento, cualquier mínima señal de que las pesadillas me estaban acosando...
"Te abandonó. No intentes buscar excusas que te hagan perdonarle. ¿O es que acaso no recuerdas lo de anoche?"
- Deberías haberme despertado pues.
- No, ¿por qué lo haría? Es un simple dolor de cabeza, no creo que vaya a morir por eso...
Oí su risa juntó a mi oreja y un escalofrío me recorrió de arriba abajo. Dan me dio la vuelta con lentitud hasta colocarme frente a él. Sus labios no tardaron en besar los míos y sus manos no tardaron en rodear mi cuerpo.
Traté de olvidarme de todo por un momento, de obligarme a quererle como se merecía, de obligarme a encontrar esos sentimientos que una vez sentí hacia él, pero... apenas podía. Apenas podía por culpa de los ojos esmeralda de Jacob, que me miraban desde el fondo de mi mente, ardiendo, mostrándome todo tipo de emociones desde amor, odio, tristeza, dolor, pasión...
De pronto, Dan se movió bruscamente, como si hubiera sido golpeado por algo. Y en efecto, así fue.
Se apartó de mí con rapidez, girándose para buscar al culpable de aquel golpe, llevándose la mano a la cabeza. Miré hacia abajo, topándome con una bota marrón oscuro en el suelo, a los pies de Dan, y no pude evitar reírme. Cuando alcé la vista, vi a Jacob de pie en la cubierta, con un brazo en al aire como si estuviera pidiendo disculpas.
- ¡Dios mío! Perdóname, Dan. No quería hacerlo aposta...
Se acercó a nosotros, dirigiéndome una mirada que no fui capaz de descifrar... ¿o sí? Aquella mirada era de complicidad. Llena de diversión, y no de enfado ni desprecio hacia mí.
Se agachó para recoger la bota y volver a ponérsela y al erguirse le dirigió una media sonrisa a Dan, el cual estaba a punto de pegarle un puñetazo.
- Lo sé, tengo una puntería de miedo, no hace falta que lo jures. Pero no te lo tomes a mal, no pretendía interrumpiros ni nada por el estilo...
- ¿Estás seguro? Porque a mí me parece lo contrario. -resopló Dan, temblando de la furia.
Jacob se encogió de hombros y antes de girarse, me dirigió otra mirada traviesa que me hizo temblar de la emoción.
- Te juro que le mataría. Sin dudarlo.
"Ya, bueno, eso sería si yo te lo permitiera."
***
- Creo que debemos hacerlo, mi capitana. -añadió Olivia, con voz firme.
Me pellizqué el puente de la nariz, barajando las posibilidades de hacer lo que pretendía hacer.
- La Isla podría estar en peligro. La Sangre Marina se encuentra en claro peligro, tal y como nos has demostrado el grupo anti-Sangre Marina. Estoy segura de que son muchos los que quedan, y no se van a rendir. No hasta que estéis muertos y hayan condenado a la Sangre Marina a la extinción. Buscarán la manera de acabar con todo.
Cerré los ojos, y me imaginé a mí misma muriendo, al lado de Jacob, a manos de los secuaces de la reina. Muriendo y acercándoles más a la victoria.
No estaba dispuesta.
- Está bien. -dije con voz firme.
Todos se callaron, sorprendidos por mi acceso. Diana parpadeó y se mordió el labio inferior, para después desviar la mirada.
Sabía que no sería lo mejor para ella. Tampoco estaba segura de que sería lo mejor para mí, no después de todo lo que había ocurrido en esa Isla.
Pero estaba segura de que tenía que acabar con todo de alguna manera, y esa manera era yendo a la Isla de las Voces. No importaba cuánto dolor me iba a producir, ni cuántos recuerdos llenarían mi mente, ni cuántos espectros malignos iban a torturarme viva.
- ¿Estás segura de que quieres ir? -susurró Dan en mi oído, rodeándome con un brazo.
Asentí, completamente segura. No sabía cuánto iba a durar esa seguridad, pero esperaba que lo suficiente como para no arrepentirme en el último momento.
Sabía que iba a ser difícil, y que quizá no era la mejor idea, perp también sabía que la Sangre Marina no iba a desaparecer tan fácilmente, no si había alguna solución. No si yo podía evitarlo.
- Si la Isla muere, vosotros morís. La Sangre Marina muere. -añadió Olivia, en tono bajo y algo oscuro.
Lo que no sabía era que tal vez, la solución no era lo que esperábamos.
***
Nos dirigíamos a la Isla de las Voces. Después de parar en un puerto que desconocíamos de la costa, y coger provisiones para más de un mes, partimos hacia nuestro destino.
Nos llevaría largos días y largas noches en los que pondría en duda mi decisión. Pero no podía sucumbir a mi miedo y a mi cobardía.
Estaba convencida de que era lo correcto; no podíamos huir del problema por más tiempo. La Isla era nuestra preferencia, era lo que supuestamente nos daba la vida. No podíamos permitir que los secuaces de la reina nos destruyeran.
Debíamos proteger a la Isla. Por muy odioso que me pareciera.
El viento me azotaba el rostro, permitiéndome aspirar el olor salino del mar. Estaba completamente sola en la cubierta, admirando la puesta de sol, pensando en mil cosas y en ninguna, cuando alguien se colocó silenciosamente a mi lado.
Mi corazón se aceleró, pero permanecí impasible. Por supuesto que sabía quién era, y me temí estar a punto de presenciar otro momento incómodo y humillante por su parte. No me hacía ninguna gracia volver a oírle decir cosas hirientes.
- Así que has decidido ir a la Isla de las Voces. -murmuró.
Asentí con la cabeza, sin mirarle.
- Creo que es lo que debemos hacer. Hemos olvidado por completo que existe, hemos estado huyendo de su importancia y relevancia sobre nuestras vidas. Lo hemos dejado de lado, y creo que es nuestra mayor prioridad en estos momentos.
Jacob no dijo nada, ninguno de los dos dijo nada, al menos por unos segundos.
- Katherine...
Su voz fue tan leve y suave que por un segundo pensé que me lo había imaginado. Me debatí entre alzar la vista y mirarle o quedarme totalmente quieta, con la mirada fija en el horizonte.
- Lo siento.
Lo soltó de golpe, sin andarse con rodeos.
- Es decir... siento lo que te dije anoche, yo...
- No pasa nada. Fuiste honesto, ¿no? No te puedo odiar por decirme lo que de verdad sientes. Lo acepto y lo asumo. Está bien. -le corté recordando lo que había ocurrido.
Jacob se quedó callado, mirándome con la boca entreabierta, sin saber qué decir.
- No, Katherine, no lo entiendes...
- Sí, lo entiendo. A la perfección. No hace falta que te expliques. -solté. -No tienes por qué seguir...
Me callé.
No tienes por qué seguir ¿qué? ¿Amándome? ¿Protegiéndome?
Jacob estaba expectante, pero yo no podía continuar con la frase.
- No tienes por qué seguir... en fin, ya sabes lo que quiero decir.
Pude ver la tristeza en sus ojos, la decepción.
- Katherine, no sé por qué lo dije... Tienes que creerme... Sabes que me importas...
- Estás bien. -volví a cortarle. -Creo... creo que no deberíamos seguir por ese camino.
Sabía que más tarde me arrepentiría de aquellas palabras, pero en aquel momento pensé que sería lo más correcto. No podía dejar que Jacob dominara mi vida, ni que tuviera el impacto que tenía sobre mí. No podía permitirlo. Porque sabía que iba a acabar herida, como siempre. O tal vez estaba demasiado asustada de perderle o de que me odiara... Tal vez lo mejor era sentir, pero en secreto.
Amar, pero en secreto.
***
Habían pasado veinte días desde el momento en que corté el perdón de Jacob. Y desde que me arrepentí de haberlo hecho.
Pero me obligué a mantenerme firme ante su presencia; Jacob tampoco volvió a intentarlo. Supongo que todo era mejor así... Supongo que nuestro destino era estar separados, vivir vidas diferentes y no unidas.
Aunque algunas noches me costaba creerlo. Y esa noche, veinte días después, fue una de ellas.
Me tumbé boca arriba en la cama, estando Dan ya completamente dormido, y traté de conciliar el sueño. Jacob no salía de mi mente, y no sé cuánto tiempo estuve tratando de pensar en otras cosas, como en Dan, en sus besos, en sus abrazos...
Tampoco sé cuánto tardé en quedarme dormida. Pero lo hice, pensando que la mañana siguiente sería un nuevo día, un nuevo comienzo.
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