Diario del Mar

"Me llamo Katherine Greenwood Wells, tengo dieciocho años. Nací en una cuna hecha de olas, mecida por el vaivén del maravilloso océano. El mar corre por mis venas. Mi madre se llamaba Anne Wells, y falleció cuando yo había cumplido seis años. Mi padre, Alfonso Greenwood, me enseñó todo lo que sé sobre el mar, pero por desgracia, desapareció hace dos años, sin dejar rastro. Y desde entonces, no he dejado de buscarle."




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martes, 22 de abril de 2014

DDM: Capitulo 86

¡Hola a todos!

Os traigo el capítulo 86, como podéis ver. Quería disculparme por mi (ya usual) tardanza en cuanto a la actualización del blog. Y de verdad que lo siento muchísimo... Pero no es nada relacionado con haberme cansado de la historia, es simplemente falta de tiempo :(.
Espero poder subir más frecuentemente, y de verdad que lo voy a intentar.

También espero que os guste este capítulo!!! :)

Un beso, y mil gracias por todo lo que hacéis por mí, en serio... No sé cómo seguís aquí, de veras! <3



Dan estaba tumbado a mi lado como casi todas las noches, completamente dormido. Pero yo no. Yo no estaba si quiera cerca de dormirme. Tenía la mirada clavada en el techo de madera, sin ser capaz de cerrar los ojos. Traté de centrarme en la respiración lenta y acompasada de Dan, deseando que eso sirviera para calmarme y hacerme dormir, pero no.

Tragué saliva, repasando los motivos que podían ser responsables de mi insomnio esa noche, pero no era algo difícil de averiguar. Es más, era bastante fácil: Jacob se encontraba en el mismo barco que yo.

Mierda.

Jacob se encontraba en mi mismo barco, en la bodega. Después de ocho meses.

Lo que no sabía exactamente era por qué me molestaba; si era porque le odiaba con toda mi alma y la furia me consumía al ser consciente de que estaba cerca de mí; o si era porque necesitaba hablar con él; o si era simplemente porque...

No dejé que esa última idea terminara de formarse en mi cabeza. porque no lo iba a consentir. Ni hablar.

Giré la cabeza hasta que Dan ocupó toda mi visión. Sus párpados cubriendo sus grandes ojos, sus labios ligeramente entreabiertos y su incipiente barba cubriendo su mandíbula. Su pecho moviéndose al respirar, su brazo cubriendo mi cintura y manteniéndome a su lado. Una cálida sensación me inundó por dentro y no pude reprimir la sonrisa que mis labios formaron.

No me pude contener y alcé la mano para apartarle un mechón de pelo de la cara.

Después de mi pequeña pausa, ajena a lo que me estaba preocupando en esos momentos, mis vista volvió a fijarse en un punto perdido del techo de madera. Y mi mente volvió a sumirse en una espiral de problemas y cosas sin sentido.

Decidí que no iba a quedarme dormida ni aunque quisiera, y estar allí tumbada sin hacer nada no me estaba haciendo ningún bien, así que me decanté por salir fuera. Como si eso fuera a ayudar, o algo así.

Salí de entre las sábanas, con cuidado de no despertar a Dan al apartar su brazo de encima de mí. Caminé en silencio por el camarote, y agarré el fino chaquetón que usaba últimamente. No tardé en ponérmelo, y una vez lista, salí fuera.

Era noche cerrada y no había ni rastro de mi tripulación en la cubierta, así que di por hecho que era bastante tarde. Lo que significaba que debería estar dormida en vez de estar divagando por la cubierta.

Una brisa fina me envolvió y me hizo temblar ligeramente, hasta que me acostumbré al frescor de la noche. La luna y las estrellas brillaban en el cielo nocturno, como si alguien hubiera disparado repetidas veces a una tela negra que bloquea la luz... Disparado. Recordé el peligroso arma que había tenido entre mis manos, ese arma diabólica que le había arrebatado la vida a uno de mis tripulantes. Me alegré gratamente de haberla lanzado al mar.

Caminé hacia la barandilla más cercana a mi camarote, sin molestarme si quisiera en bajar las escaleras que me conducirían a la cubierta como tal. A la cubierta en la que se encontraba la puerta a la bodega...

Resoplé y sacudí la cabeza ante mis pensamientos, y solté una leve carcajada. Me apoyé sobre la madera y observé el abismo negro que formaba el mar a nuestro alrededor. Por un momento, me imaginé que realmente caíamos en un abismo sin fondo, oscuro y frío, y sentí vértigo. La sensación desapareció en cuestión de segundos, y mi respiración volvió a calmarse.

No sabía qué hacía ahí, la verdad. Estar en la cubierta por la noche, con Jacob en la misma nave que yo, no solía ser bueno. Es decir... con él cerca, la noche no era soledad para mí, porque él siempre aparecía. Y me pregunté si estaba allí porque tenía la esperanza de que se repitiera otra vez, de que Jacob saliera en ese preciso momento.

Y no sabía por qué.

Cerré los ojos y enterré el rostro entre mis manos. Y entonces, algo se activó en mi corazón. Me puse completamente alerta, debido a ese crujido que produce la madera cada vez que alguien sale de la bodega.

Abrí los ojos, barajando las posibilidades de quién podía ser, porque era obvio que había alguien de pie en la cubierta. No oí nada más, así que di por hecho que se había quedado quieto o quieta sobre la madera.

Podría girarme... podría girarme y averiguar de quién se trataba. ¿Era estúpida? ¿Por qué tanta curiosidad por saberlo? Oh, claro. Porque Jacob estaba en mi barco.

Y a pesar de mi yo interior gritándome lo estúpida que era, recordándome el daño que me había hecho y recordándome que Dan era el que había estado a mi lado realmente, me giré. Lo hice. Y no tengo ni idea de cómo, para ser sincera.

Me dio un vuelco el corazón y no supe qué pensar de mí misma, pues sabía perfectamente de quién se trataba sin verle la cara. Conocía perfectamente aquellos hombros anchos, conocía perfectamente aquella forma en que sus pies se colocaban al estar de pie. Conocía perfectamente aquel pelo rubio ceniza que parecía plateado cuando la luna se reflejaba en él.

Allí estaba. Como si hubiera oído mis pensamientos sobre aquellas noches en las que aparecía en la cubierta antes de que todo esto... pasara.

No sabía si estar contenta o tener miedo, si estar enfadada o no. No sabía cómo actuar. Aunque lo primero que pasó por mi mente fue gritarle que se marchara, que la realidad era que no le necesitaba.

- ¿Qué haces? -inquirí lo suficientemente alto.

- Sabía que estabas aquí. -dijo, alzando la voz para que le oyera, encogiéndose de hombros.

Su voz.

Maldita sea.

Sentí una punzada en el corazón, y el dolor que ya sentía se vio aumentado, y no sabía muy bien por qué. ¿Porque esa era la voz que había necesitado escuchar mientras la depresión me consumía? ¿Porque esa era la voz que había deseado escuchar, pero jamás llegó?

Me mordí la lengua para evitar que el torbellino de emociones me arrastrara consigo y sostuve su mirada. Su verde mirada, la cual no fui capaz de descifrar. Otra punzada en el corazón.

-  Pues ya puedes marcharte, ya ves que tienes razón y que en efecto estoy aquí. -respondí, cortante.

- ¿Por qué debería... más bien querría, marcharme?

Desvié la mirada hacia el mar, antes de responder, movida por el dolor que oír su voz me causaba.

- No lo sé, dímelo tú. Tengo la sensación de que se te da muy bien eso de marcharte.

Se podía palpar a la perfección el dolor y el rencor que esa frase guardaba. Y esperé que lo hubiera captado.

Jacob suspiró, lo suficientemente alto como para que yo lo oyera, y desvió la mirada hacia el suelo. No contestó, al menos no en los siguientes minutos.

- Yo también pensé que se me daba bien, para ser sincero. -empezó. -Pero aquí estoy otra vez. Delante de ti, en tu barco. En Vigo. Tal y como aquella primera vez que nos vimos, después de años separados.

Traté de contestar con algo hiriente y que le dejara claro mi opinión sobre él, pero no fui capaz. En vez de hablar, le di la espalda y me volví a apoyar en la barandilla, tratando de olvidarme de que Jacob estaba allí. Pero al parecer no funcionó, porque sentí cómo mis ojos ardían debido a las lágrimas que amenazaban con nublar mi vista.

- ¿No vas a bajar aquí, conmigo? ¿No vas a acercarte a mí?

Pensé en contestar que para qué quería que me acercara, pero eso sería... no sé, no creía que preguntar aquello fuera a traer algo bueno a mi vida. Pero lo hice.

- ¿Por qué debería? -traté que mi tono sonara enfadado.

- Porque en tu cama ya hay alguien, así que creo que es mejor que vengas a la mía. -soltó con una media sonrisa. -A no ser que quieras que entremos en tu camarote... el problema es que no te prometo que a Dan le agrade, así que...

Suficiente.

Me giré completamente, anonadada por sus palabras.

- ¿Qué acabas de decir?

Me alejé de la barandilla y bajé las escaleras con rapidez y sin importarme el hecho de que estaba haciendo demasiado ruido.

- Eso es. -susurró, sin perder su media sonrisa.

- ¡¿Cómo te atreves a decirme algo así, Jacob?! -inquirí.

Sólo tenía que dar dos pasos y estaríamos pegados del todo.

- Simplemente quería que te acercaras a mí. Y veo que lo he conseguido. -contestó, divertido. -Aunque la verdad es que mi idea no está nada mal, admítelo...

- ¡Cállate! -grité, llevándome las manos a la cabeza.

Cerré los ojos para tratar de calmarme y no matarle allí mismo.

- ¿Sabes? -comenzó a decir. -Todo esto me recuerda a aquella noche, cuando empezamos nuestra aventura,...

- ¿Cuál de todas....? -tragué saliva y rectifiqué- Es decir...

- Aquella en la que traté de besarte por primera vez en mucho tiempo. -interrumpió.

Entreabrí la boca mientras Jacob acortaba la distancia que había entre nosotros.

No.

- ¿Acaso crees que eso se va a repetir? ¡No te atrevas a....!

- ¿A qué?

- A besarme, Jacob. Actuas como si nada hubiera ocurrido. Como si no me hubieras destrozado, como si no te hubieras marchado y todo siguiera igual entre nosotros... No te atrevas a actuar así, Jacob. No voy a tolerar tus jueguecitos. -murmuré, con la vista nublada por las lágrimas.

De pronto, Jacob dio un paso atrás y su semblante se tornó serio y frío, distante.

- ¿Quien ha dicho que te fuera a besar? ¿De verdad creías eso? -hizo una pausa, y me lanzó una mirada fría como el hielo, o aún más.- Si me marché fue por algo.

Au.

Me quede totalmente congelada, sintiendo un dolor palpitante en el corazón. No... No podía haber dicho eso... No podía... Yo pensaba que...

Las lágrimas comenzaron a caer de mis ojos, cubriendo mis mejillas.

- Eres... eres despreciable... -susurré cuando Jacob se dio la vuelta.- ¡Eres una babosa sin corazón! ¡No tienes corazón, Jacob! ¡Eres despreciable!

Se dio la vuelta en el último momento, como si sintiera curiosidad por lo que estaba a punto de decir.

- Por qué me has seguido todos estos meses pues. ¡por qué! Por qué, Jacob, si al parecer te marchaste porque me odias. Y por qué estás aquí, por qué no te marchas otra vez

- Porque ahora mismo eres un blanco fácil para mucha gente. No te tomes esto de protegerte como una muestra de amor o algo así.

Otra vez.

Me sentí humillada, dolida y miserable.

- Pero... Liv me dijo... -murmuré en voz alta, aumentando mi humillación, dando a entender que sí que necesitaba que me quisiera...

- Liv te mintió. Cualquier cosa que te dijera sobre mi y lo que podría sentir por ti es mentira.

No sabía como seguía viva. Todo mi cuerpo ardía y me dolía la cabeza.

- Buenas noches, Katherine.

Me quede ahí de pie durante un buen rato, y no me marché hasta mucho después de que Jacob desapareciera en la oscuridad, dejando a sus espaldas un montón de palabras que habían conseguido destruirme del todo

Ese no era el Jacob que recordaba. O al menos no era el Jacob que solía amarme...
Tenía los ojos húmedos por las lágrimas y el dolor de la humillación anterior latía en mi corazón, demasiado presente en mí. Pero no iba llorar. Es decir, no iba a llorar de la manera en la que la Katherine que fui unos meses atrás lo haría. No iba a sollozar sobre la madera de mi barco como si siguiera siendo y débil.

Aún así, permití que unas cuántas lágrimas rodaran por mis mejillas y desaparecieran en mi blusa, porque aunque no quisiera ahogarme con mis propias lágrimas, sí que me ahogaba con el dolor. La humillación. Me sentía patética, porque había llegado a pensar que me quería.

Pero no.

Jacob me había dejado claro que no sentía nada por mí.

Y lo peor de todo es que me dolía. Y si me dolía sólo podía ser por una cosa: porque tenía esperanzas de que sus sentimientos hacia mí no hubiera cambiado; de que aún me amara; de que hubiera vuelto para arreglar las cosas, para arreglarme a mí después de todo el daño.

Lo que significaba que la estúpida Katherine Greenwood Wells seguía enamorada de Jacob Fellon, aunque fuera ligeramente.


***


Contemplé la luna una última vez antes de marcharme y volver por donde había venido, llevando conmigo la humillación de lo sucedido hacía unos minutos. Mi corazón ardía, y una parte de mi ser me exigía que no entrara en ese camarote y que me quedara a un lado llorando, tal y como Katherine haría. Pero me negué. No iba a aumentar la humillación. No iba a dejar que esto me afectara, al menos no del modo en que solía hacerlo.

Ya sabía cómo era Jacob, lo sabía a la perfección. Con sus ojos verdes y brillantes, con su apariencia de príncipe azul... Le había dado demasiadas oportunidades, a lo largo de toda mi vida. Supuse que ya no sería necesario, porque me había dejado muy claro que no era nadie para él.

Pero entonces recordé lo que había pasado unas horas antes, en el bosque. Jacob había parecido dolido y triste por mis palabras, como si la realidad fuera que seguía significando algo para él. Hasta me había dicho que le importaba. Él lo había dicho. ¿Cómo era posible que hacía unos minutos negara lo que había dicho en el bosque...?

Jacob. El ser humano que más me había confundido de todo el universo. Jacob, con sus juegos que mareaban a mi corazón.

Sacudí la cabeza, parando el hilo de pensamientos que a mi parecer se dirigían hacia un agujero peligroso para mí. Si seguía pensando en él, sabía que no llegaría a nada bueno, a nada que me beneficiara.

Inspiré con fuerza y solté todo el aire acumulado en mis pulmones de manera lenta y calmada. No. No iba a dejar que esto me afectara. No iba a dejar que las palabras de Jacob se interfirieran en mi vida, como si aún me importara...

"Pero, ¿y si es verdad que te importa...?"

No. No lo hacía. Simplemente... estaba cansada y exhausta emocionalmente por lo que había pasado.

"Eres tú la que ha permitido que Jacob esté en tu bodega ahora mismo."

No. Bueno, no del todo. Técnicamente no..., había sido Liv la que había decidido.

"No haces más que engañarte. No seas estúpida."

Sí, lo sabía. Y admitía que trataba de engañarme, porque así a lo mejor todo esto se pasaba, y así dejaría de sentirme culpable porque Dan estaba al otro lado de la puerta, dormido, creyendo que yo estaba también con él tumbada a su lado... y sin embargo, ahí estaba yo, pensando en alguien que no era precisamente Dan, preguntándome a mí misma si era verdad lo que sentía por Jacob... (Si es que sentía algo, claro)

Sacudí por enésima vez la cabeza, tratando de despejar mi mente. No podía seguir así, con Jacob monopolizando mi mente.

"¿O sí?"

Quise tirarme del cabello, o tirarme al agua congelada para acallar esa estúpida voz en mi cabeza que me respondía a todo lo que pensaba. ¿Desde cuándo hablaba conmigo misma de esa manera? ¿Y desde cuándo estaba discutiendo conmigo misma, como si fuera dos personas?

Aunque quizá si era dos personas diferentes. La Katherine que seguía dependiendo de Jacob como si fuera su droga, y la otra parte, la rencorosa o la lógica (según por donde se mire), que mantenía que Jacob era peligroso para mi estabilidad y que tenía que olvidarme de él y ser feliz junto a Dan.

Gruñí de manera silenciosa, al sentir pinchazos en las sienes. Mi dolor de cabeza aumentaba. Así que decidí entrar en el camarote.

Y allí seguía Dan, tumbado esta vez boca abajo, casi roncando debido a la postura que le impedía coger mucho aire, y allí estaba yo, siendo testigo de cómo mis dos mitades se peleaban y combatían por ganar la batalla de mis sentimientos.

Me sentí terriblemente culpable, por pensar en Jacob y plantearme seriamente lo que sentía, pues en teoría amaba a Dan. Y me odiaba por dudarlo. Porque Dan había estado allí y me había dado demasiado. Y no quería hacerle daño.

Suspiré y caminé de puntillas hasta la cama. Me metí entre las sábanas, y una vez completada aquella misión, Dan comenzó a moverse para incorporarse. Tenía los ojos entreabiertos, y estaba segura de que aún seguía medio dormido.

- Perdona, duérmete otra vez. -susurré con dulzura.

Sin pensarlo dos veces, volvió a caer pesadamente sobre el colchón y el sueño volvió a arrastrarle y a envolverle.

- Lo siento, Dan. -murmuré para mí, como si eso fuera a liberarme de la culpa que sentía.

Estúpido Jacob.

Y estúpida yo. Estúpida yo por caer siempre en sus redes y salir de ella con cientos de puñaladas por su parte. Estúpida, estúpida. Más que estúpida.


***

(Jacob)


Caminé torpemente por entre los camastros y los cuerpos que respiraban fuertemente, totalmente dormidos. Vaya, Katherine sí que me afectaba. Toda ella me afectaba, nublando mis sentidos.

Katherine.

Su expresión dolida, e inocente por unos segundos, palpitaba en mi mente con gran intensidad.

¿Qué había hecho?

Cerré los ojos y me dejé caer en el suelo, al lado del camastro de Liv. Entonces ella se incorporó y me miró con sus enormes ojos azules.

- ¿Qué ha ocurrido, Jacob?

Suspiré y me cubrí los ojos con una mano.

- Lo he fastidiado todo.

Se quitó las sábanas de encima y se sentó por completo, con toda su atención puesta sobre mí.

- ¿A qué te refieres? -inquirió, confusa.

- He sido... ligeramente cruel. -hice una pausa, riéndome mentalmente de mi forma de describir dicha crueldad. -Mierda, Liv, he sido excesivamente cruel. He sido más que cruel.

Me cubrí el rostro entero y apoyé la cabeza en la pared sobre la que me apoyaba y dormiría aquella primera noche.

- En serio, tengo un serio problema. -añadí, dejando al descubierto mis ojos.

- Cuéntame... -susurró Liv, con una sonrisa que tenía el objetivo de tranquilizarme, pero no funcionó.

- Al principio estaba bromeando. Siempre me comporto como un arrogante cuando estoy con ella... y no es mía, ¿me entiendes? Siempre soy así cuando no somos más que personas que simplemente se conocen... En fin. Ella se ha puesto furiosa, tal y como hace siempre y entonces... No sé qué ha pasado, Liv... Es decir, sí que sé lo que ha pasado; que me he comportado como un capullo. Pero no sé por qué...

Paré durante unos segundos para tomar aire y ordenar mis pensamientos.

- No sé, estaba bromeando sobre algo que pasó con nosotros cuando nos encontramos por primera vez... Y entonces ella creía que la iba a besar, y el caso es que a lo mejor pretendía hacerlo... pero me ha dejado claro que no quería. Y entonces... he dicho cosas que no tenía que haber dicho...

Volví a parar, respirando con furia, clavando la mirada en los calmados ojos de Liv, que seguía en silencio, esperando a que terminara.

- ¡Joder, la he hecho daño! La he herido, y ni siquiera sé por qué... Soy un capullo. Soy un capullo...

- Tranquilízate, Jacob.

- No puedo, Olivia. No puedo porque he dicho cosas crueles, para ocultar lo que siento por ella. Y claro que sé por qué ha sido. Ha sido porque soy un maldito orgulloso y a la vez un cobarde que no se atreve a confesar sus sentimientos por el miedo al rechazo. Tengo miedo a su rechazo, Liv. Tengo miedo a que me odie para siempre, a que jamás me perdone... Ya sé que la he perdido, sé que no puedo hacer nada por recuperar su amor, pero al menos necesito su perdón.

- ¿Y por qué no se lo dices...?

- ¿Crees de verdad que me va a escuchar, o que va a creerse lo que le digo? Liv, me pegó un puñetazo en el bosque, y no traté de pedir perdón si quisiera... ¿Y acaso crees que va a creerme? Elizabeth se vino conmigo, por si no lo recuerdas, y sé que piensa que lo hice porque amaba a Elizabeth. No me perdonaría ni en un millón de años, y probablemente me odiaría aún más; me tomaría por el mentiroso, capullo, cobarde y orgulloso... que realmente soy.

- Por cierto, ¿qué hay de Elizabeth? -cambió de tema Liv.

- Probablemente ya nos esté siguiendo. No te preocupes por ella.

- ¿Vas a... vas a tratar de meterla aquí? -murmuró Liv.

- No sé... Al menos no en unos días. Por ahora está bien donde está. Tampoco quiero dejarla ahí sola, después de haberse ofrecido a acompañarme en mi intento de guardaespaldas. Así que ya veré qué hacer... Lo que no quiero ni por asomo es traerla mañana, o en los siguientes días. No quiero herir más a Katherine ni hacerla creer cosas que no son.

- Sí, estoy segura de que a Katherine no le haría ninguna gracia ver a la víbora en su barco... -rió suavemente Olivia.

Incluso yo reí, levemente, evadiéndome de mi furia y angustia por unos momentos.

- He de admitir que ha cambiado. Elizabeth, digo. -murmuré, con los ojos cerrados. -Bueno, al menos eso es lo que aparenta... Igual si viene aquí vuelve a ser la que era antes, al menos con Katherine, y su rivalidad reaparece...

- ¿Ella te sigue queriendo? -inquirió Olivia, tumbándose de nuevo entre las mantas. -La víbora, digo.

Me encogí de hombros, sintiendo los tentáculos del sueño acariciándome.

- Dejó de interesarme hace mucho tiempo.

Recordé las veces en las que Elizabeth había tratado de besarme, y no digo esas en las que Katherine y yo éramos algo... Me refiero a esas veces después de que la abandonara creyendo que eso sería lo mejor para ella. No me sentía orgulloso, y me costaba admitirlo, pero algunas de esas veces (pocas, muy pocas), yo caí. Caí y dejé que me besara. Me dejé llevar, con la esperanza de que sirviera para calmar el dolor que sentía por lo que había hecho. Pero no llegó nunca a más. Sólo fueron besos, besos que no significaron nada, como ninguno de lo que habíamos compartido anteriormente.

Pero no había necesidad de recordar aquello.

La pared sobre la que me apoyaba me parecía lo suficiente cómoda para dormir, pero no pude evitar desear estar en el camarote de Kathy con ella a mi lado, abrazándola. Entonces recordé que Dan era el que estaba con ella en esos momentos, y la envidia y los celos se apoderaron de mí con demasiada intensidad. Maldito Dan.

Pero finalmente el sueño se cernió sobre mí como una nube oscura, amenazando con traer pesadillas... Pesadillas en las que aparecía Katherine, en las que aparecía Elizabeth, y también Dan.




domingo, 16 de marzo de 2014

DDM: Capítulo 85

¡Hola a todos!

¿Cuánto tiempo ha pasado desde la última vez...? Demasiado. NO ME MATÉIS.

Sí, sigo viva, a pesar de lo que podáis creer... Y aquí estoy, a las doce de la noche, subiendo capítulo, porque ya era hora.

Así que nada, aquí lo tenéis. Por fin.


Espero vuestros comentarios y opiniones. Y muchísimas gracias, de verdad, por seguir ahí, después de 85 largos y pesados capítulos. ¡Seguís ahí! Es algo increíble, en serio...


¡Un beso!





Sentía los latidos de mi corazón palpitando en todo mi cuerpo. Mis manos estaban calientes y pegajosas, manchadas de la sangre de los hombres a los que había asesinado.


Jacob volvía a estar allí, frente a mí. No había sido producto de mi imaginación. Pero, ¿y si lo era y el problema era que estaba loca...?


- Qué haces aquí. -murmuré.


- Protegerte.


Negué con la cabeza, apretando las mandíbulas.


- No. No me refiero a ahora mismo.


Mi voz apenas se oía, porque no me creía capaz de decirlo más alto. Pero tenía que preguntarlo. Tenía que saber el motivo. Antes de que volviera a desvanecerse.


- Me refiero a por qué has venido, después de abandonarme y desaparecer durante siete meses.


Se quedo callado, con una expresión demasiado seria, tal vez algo exagerada, como si tratara de ocultar alguna emoción.


- Yo jamás te he abandonado. -murmuró, sombrío.


Resoplé, conteniendo las ganas de reírme antes su pobre y falsa explicación. Porque estaba segura de que si me reía, después vendría (otra vez) el llanto incontrolable.


- Ah, tienes razón.


Extendí los brazos, encogiéndome de hombros.


- Estoy tan loca que llevo siete meses imaginando que no estabas. -completé.


- Llevo siete meses protegiéndote. Que tú no me vieras no significa que no estuviera ahí. -rebatió Jacob.


Alcé la mirada hacia él, boquiabierta y con el ceño fruncido. Mi mente seguía en blanco, pero en un blanco demasiado brillante. Un blanco que empezaba a burbujear, para transformarse en una explosión de colores y sentimientos.


"Llevo siete meses protegiéndote. Que tú no me vieras no significa que no estuviera ahí."


- ¿Có... cómo...? ¿Me estás diciendo que... mientras yo me ahogaba en mi propio dolor... tú estabas "ahí fuera, aún conmigo", pero preferías dejarme sufrir sola?


Tomé su silencio y su mirada como un sí clarísimo, y entonces comencé a sentir la rabia ardiendo en mi pecho.


- No me lo puedo creer... -murmuré para mí, llevándome la mano a la frente y cerrando los ojos.



Entonces me reí, girándome y dándome la vuelta, observando mi alrededor, como si esperara a que alguien saliera de la oscuridad para decirme que aquello era una broma. Una broma pesada y cruel.

- He oído que recuperaste la memoria. -dijo de pronto, cambiando radicalmente de tema.

- No finjas que ahora te importa cómo esté, ni si la recuperé o no.  -me giré otra vez hasta él. -No después de siete meses sin aparecer. -contesté, cortante.

Me sorprendió ser capaz de sonar tan firme, cuando lo único que quería era tumbarme en el suelo y llorar como nunca lo había hecho.

- No pienso consentir que dudes de cuánto me importas. No después de todo lo que hemos pasado. -su voz sonó herida y ofendida.

- ¿Y has esperado siete meses para aparecer y decirme que te importo? ¿En serio? ¿Ahora que creo que tengo una vida más o menos estable?

Se le ensombreció el rostro y seguidamente sentí una punzada en el corazón.

- Nunca te he abandonado. -hizo una pausa, que a mí me pareció eterna. -Y nunca has dejado de importarme. Creí que al menos eso lo tenía claro, después de todo.

- Lo creía. Pero antes de leer esa simple nota que me dejaste antes de desaparecer. 

Cerró los ojos durante unos instantes y se pellizcó el puente de la nariz, exhalando con fuerza.

- No lo hagas más difícil de lo que es, por favor. Te lo ruego. -dijo.

- ¿Que no haga más difícil el qué? -grité.

- Esto, Katherine. ¡Todo! ¿Crees que no ha sido difícil venir y aparecer ante ti, sabiendo que me odias? ¿Crees acaso que no me arrepiento todos y cada uno de los días que conforman mi vida de haberme marchado?

Me tembló el labio inferior, totalmente paralizada. De pronto, él tenía los hombros caídos, y sus ojos, los cuales estaban clavados en los míos, estaban llenos de tristeza y dolor. Tristeza y dolor. Y arrepentimiento. Fui capaz de ver esos sentimientos en su expresión, en la forma en que de pronto me parecía el hombre más cansado y abatido del mundo.

- Dime entonces por qué te fuiste. ¡Y dime entonces por qué no apareciste antes!


Jacob se quedó completamente callado, con los ojos cerrados, como si estuviera buscando las palabras correctas. Y entonces, cuando volvió a abrir los ojos, todo el dolor que había visto hacía unos segundos había desaparecido. Sus hombros volvían a estar erguidos, y él volvía a estar serio.


- No estoy aquí para discutir sobre quién ha sufrido más, Katherine. Ni tampoco para discutir sobre si mi idea fue estúpida o no. Sólo quería avisarte de que estás en peligro, por si no te habías dado cuenta todavía.


Sus palabras fueron un duro golpe para mí y sentí cómo me temblaban las piernas. Tal vez lo que esperaba era una discusión, que tratara de justificar lo que ocurrió. Tal vez esperaba que... luchara por mí.


- ¿Y ya está? ¿Eso es todo? ¿Ni una maldita explicación?


- Ya habrá tiempo para explicaciones. -me cortó. -Ahora tenemos que ir a tu barco. Rápido. Tu tripulación y tu querido Dan podrían estar en peligro.


No hice ningún comentario sobre ese "tu querido Dan" y eché a andar hacia el exterior del bosque, sin siquiera mirar atrás. Pero entonces oí su voz, apenas un susurro, que me hizo frenar.


- Por cierto, estás preciosa.


Y sentí una punzada en el corazón al darme cuenta de que si lo decía más alto, se le quebraría la voz. Tuve la tentación de darme la vuelta para ir a abrazarle, pero no lo hice. Seguí adelante, porque que hubiera dicho aquello no significaba nada. No significaba que me hubiera echado de menos, o que aún me quisiera.


Oí sus pisadas a mi espalda, mientras me seguía. Y me di cuenta de que aquella noche, la persona con la que tenía que encontrarme era Dan, y no Jacob. Recordé la nota, la cual había sostenido entre mis dedos. La cual estaba segura de que había sido de Dan... Pero ahora todo encajaba. No hizo falta que lo preguntara, pues ya sabía que Dan no tenía nada que ver en lo que había ocurrido, que Dan ni siquiera sabía lo que iba a pasar. Inteligente. Inteligente y estúpido por parte de Jacob.


Cuando llegué a la linde del bosque, no dudé en echar a correr en dirección al puerto. Si era verdad que mi barco podía estar en peligro... no iba a permitir que les ocurriera algo.

Cuando divisé los muelles y mi preciosa embarcación camuflándose entre las sombras de las noches, me quedé parada, tratando de averiguar si efectivamente, mi tripulación estaba en peligro.

Y entonces lo vi. Había gente, gente moviéndose en la cubierta. Y descendían por la rampa lentamente, como si alguien los estuviera obligando... a salir del barco.


No lo dudé más, y volví a acelerar.


Pero algo me frenó. Alguien, más bien.


Jacob me agarró del brazo, obligándome a girar y a mirarle. Sus ojos se clavaron en los míos durante unos pocos pero intensos segundos, hasta que se dignó a hablar.


- No podemos irrumpir en tu barco como si nada, Katherine. Sé que es lo único que quieres hacer en estos momentos, pero debes ser más inteligente. No podemos llegar como si nada, alguien podría salir herido.


Sabía que tenía razón, pero no podía quedarme de brazos cruzados. También sabía que algo iba a pasar.

Volví la vista atrás, para observar cómo sólo había tres invasores que iban colocando a cada miembro de mi tripulación en fila. Todos tenían las manos atadas a la espalda, y dos segundos después, les obligaron arrodillarse.

- Tengo que hacer algo, Jacob.


- Lo sé, y lo vamos a hacer. Pero no te precipites, quizás apareciendo así lo único que consigas es que les hagan daño... o te hagan daño a ti.


Apartó la vista antes de terminar la frase, pero ese tono protector había quedado claro.


Y entonces, mi corazonada se cumplió. Oí un disparo, que me hizo temblar de arriba abajo, y cuando me giré, vi cómo el cuerpo de uno de los de mi tripulación, se desplomaba contra el suelo.


Sin previo aviso, mientras el hombre se dedicaba a recargar el arma con un proyectil y pólvora, salí de entre la oscuridad corriendo, acercándome al hombre con el corazón en un puño.


Alguien había muerto ante mis ojos. Y podía tratarse de Dan, o de Diana. Quise echarme a llorar de preocupación.


- ¡Quieto! -grité con todas mis fuerzas.


Los tres hombres alzaron la vista hacia mí, sorprendidos.


- Al parecer, los otros inútiles no han conseguido realizar su misión... -murmuró uno de ellos.


No me paré a decir nada. Seguí corriendo, mientras Jacob gritaba mi nombre y me rogaba que frenara. Pero hice caso omiso, y corrí hacia el cuerpo inerte de aquella persona. Me arrodillé a su lado, y suspiré de alivio al ver que no se trataba de Dan, ni de Diana.


- Levántate. -dijo una voz a mi espalda.


Y sentí cómo el cañón de un arma se pegaba a mi cráneo.


- Levántate ahora mismo. -repitió en tono más potente.


Me levanté con lentitud. Llevaba una pistola. Una pistola de pólvora, y me pregunté cómo era posible que la tuviera en su posesión.


- ¡Apártate de ella! -exclamó de pronto Dan, que estaba arrodillado en el suelo, pero a punto de levantarse de un salto, inclinado hacia delante.


Me giré con extrema lentitud, alzando las manos, hasta quedar frente al hombre que tenía entre sus manos un arma que jamás había visto. Un arma de la cual había oído, pero simplemente eran rumores. Nadie las poseía.


- No te muevas, y no te pasará nada. Llévanos hasta la Isla de las Voces y entonces no les pasará nada a tus amigos.


Sus condiciones eran claras. No se había andado con rodeos. Pero no pensaba aceptar aquello. No iba a volver a aquella isla, por encima de mi cadáver. Además, sabía perfectamente lo que pasaría en cuanto llegáramos: nos matarían, porque ese era su propósito desde el principio. Eliminar a la Sangre Marina.


¿De verdad pensaba que me iba a creer aquello de "te dejaremos vivir, pero sólo si nos llevas a la Isla para que podamos mataros a todos"?


- No. -respondí con firmeza.


Podía matarme. Sólo tenía que usar aquella monstruosa arma, y podía acabar con mi vida con una sola explosión de pólvora. Jamás me había sentido tan expuesta a la muerte, sin contar los meses en los que Patrick me tuvo secuestrada. Accionar el gatillo... y moriría. Así, sin más. ¿Cómo podía uno defenderse de aquello? No se trataba de una espada, ni un cuchillo. Y nadie me había entrenado a esquivar proyectiles. Nadie me había entrenado para defenderme contra ese nuevo tipo de armas.


- Esa no es una buena elección, Princesa. Tienes otra oportunidad.


Y entonces lo vi. Entreví el movimiento de su otra mano, con la cual sostenía algo... y me di cuenta de que no podía matarme con el arma que sostenía entre las manos, porque no le había dado tiempo a cargar el cañón con el proyectil... No había nada con lo que dispararme. Estaba vacía.


- Te concedo una segunda oportunidad. -añadió, con voz calmada.


No perdí más tiempo. Con una patada, golpeé la mano de mi oponente, haciendo que soltara la pistola de pólvora, la cual se deslizó por el muelle hasta casi el borde. Aquella fue la señal de salida para que todos se activaran y se levantaran. y me ayudaran a reducir a los hombres a simplemente tres inofensivas criaturas tumbadas boca abajo sobre la madera, quejándose.


Había sido relativamente fácil. Unos brazos me rodearon con fuerza, en un abrazo que me pilló desprevenida.


- Cómo te has atrevido a hacer una cosa así, Kathy. ¡Podía haberte matado! ¡Te has arriesgado a una muerte segura! -exclamó Dan, estrechándome aún con más fuerza.


- No iba a hacerlo, porque el arma no estaba cargada. No le di tiempo. -sonreí, devolviéndole el abrazo. -¿Estáis bien? ¿Ha habido algún herido...?


Recordé a Tyler, el que había recibido el primer disparo que había acabado con su vida, otro de mis hombres. Apenas le conocía. Era un chico callado y tímido, que jamás me había dirigido la palabra, a excepción de unos cuantos "sí, mi capitana". Pero eso no hacía menor el peso de su muerte. El peso de otra muerte que se añadía a la pila que cargaba en mi espalda. Me preguntaba cuánto tiempo podría aguantar, cuántas muertes más podría soportar antes de que me desmoronara.


Diana se abrió paso entre la tripulación hasta llegar a mí.


- ¿Diana, estás bien? ¿Está Kathlyn bien?


- Sí, afortunadamente. Las dos lo estamos. No la encontraron. O simplemente pretendieron no haberla visto. Creo... creo que no he pasado más miedo en toda mi vida.


Su rostro estaba lleno de terror. La abracé con fuerza, recordándola que todo estaba bien. Que no había pasado nada... al menos la cosa no había sido peor, porque algo sí había pasado; alguien había muerto.


Diana corrió al interior del barco, y entonces dejé atrás a Dan para acercarme a los tres hombres, los cuales estaban siendo inmovilizados por gente de mi tripulación.


- ¿Ha sido mi segunda elección de su agrado...? -inquirí, con un tono burlón y divertido.


Esa situación me recordó a aquellos tiempos en los que Katherine se comportaba siempre así, de manera burlona, obviando su superioridad. Me pregunté si algún día volvería a ser esa joven fuerte y decidida, y me di el gusto de pensar que tal vez así sería.


- No somos los únicos, Princesa. No somos los únicos que odian la Sangre Marina. No crea que ha salido victoriosa, de ninguna manera. Dales tiempos. Y ya verá.


El hombre esbozó una media y tenebrosa sonrisa, que me puso los pelos de punta. Les hice un gesto a los que les sujetaban, para que les llevaran a la prisión más cercana, de mi parte. Y antes de hablar con cualquier otra persona, caminé hacia el borde del muelle, recordando dónde había ido a parar la pistola de pólvora.


Me agaché y la recogí con una mano, acariciando el metal y la madera que cubrían su mango, sintiendo escalofríos por todo el cuerpo. Era la primera vez que veía una de esas. Me levanté, sin dejar de observarla bajo el brillo de la luna, barajando qué hacer. Entonces una voz me sacó de mis pensamientos.


- Bonita adquisición. Y bonita actuación.


Jacob.


Instantáneamente, lancé el arma con todas mis fuerzas, para que se perdiera en el fondo del océano. Tal vez era lo más estúpido que había hecho en toda mi vida, pero no quería quedármela.


- No es mía. No puedo quedármela. No voy a convertirme en los monstruos que de verdad creen que somos... esos hombres, digo. No voy a darles el placer de la razón. -hice una pausa, convencida por mis propios argumentos. -Además, no voy a llevar un arma que le ha arrebatado la vida a un tripulante de mi barco.


Traté de hablar con toda la seriedad posible, cuando en mi interior, algo vibraba, no estaba segura de por qué.


- Buen argumento. -añadió, y supe sin mirarle que estaba sonriendo.


Le conocía. Demasiado bien. Y me dolió admitirlo.


Me giré, dejándole atrás, obligándome a no seguir hablando con él. Mientras caminaba, mis ojos se posaron en los de Liv, cuyo rostro estaba serio y lleno de... perdón. Se arrepentía, porque me había mentido. Garrett no existía. Nunca había existido. Y me pregunté cuántas veces habían hablado sin que yo me enterara.


Y eso me llevó a la siguiente pregunta: ¿era verdad que Jacob no me había abandonado, al menos no del todo...?


***


En cuanto volvieron de haber entregado a los hombres a la policía local y de que se llevaran el cuerpo de Tyler al cementerio más cercano, decidí partir. No iba a quedarme ahí para aumentar las posibilidades de encontrarnos con más integrantes de esa secta que estaba en contra de la Sangre Marina.


- Nos vamos. -sentencié, sin dirigir la vista a Jacob.


Nadie se opuso. Comenzaron a subir por la rampa de madera, abatidos y hechos polvo por lo que acababa de ocurrir.


- ¿Y Jacob qué? -inquirió de pronto Liv, sacando el valor para hacerlo.


Me miró de manera suplicante, como si me pidiera perdón mentalmente, pero sus palabras habían sonado firmes y llenas de valor.


- ¿A qué te refieres? -pregunté, tratando de sonar distante y fría, aunque me fuera demasiado difícil.


- Sabes perfectamente lo que quiero decir, Katherine. -rebatió Liv, ladeando la cabeza.


Desvié la mirada, tragando saliva y ordenando los pensamientos que se agolpaban en mi mente. Por un lado, me era demasiado difícil negar que quería correr hacia él y abrazarle hasta que no me quedaran fuerzas. Pero por otro, sabía que mi vida ya no estaba relacionada con aquel joven, y que no éramos más que desconocidos que en su momento compartieron un mismo sentimiento.


- Puede que esté capacitado para sustituir a Tyler y formar parte de la tripulación. Dejo la elección en tus manos, Olivia.


Ni sí ni no. Sabía que Olivia diría que sí, así que de ese modo no me sentiría tan culpable por haberle aceptado en mi tripulación. Hice hincapié en la palabra tripulación, para que Jacob supiera lo que sería de ahora en adelante: él estaría bajo mi mando. Yo era su capitana, y nada más.


Me sorprendí gratamente de mi frialdad ante aquello.


***


Una vez en marcha, me quedé en la cubierta, apoyada en la barandilla de madera que tanto me gustaba. Las estrellas apenas se podían observar aquella noche, pero me daba igual, pues no estaba centrada en nada en especial. Simplemente en un punto perdido del horizonte oscuro.


Y como era de esperar, alguien más se unió a aquella soledad nocturna. Pero no era la persona que yo esperaba, al menos no la principal. Se trataba de Liv.


Se colocó a mi lado, con sus ojos azules clavados en mí.


- Lo siento, Katherine. -susurró, sin perturbar casi el sonido de la noche.


Entreabrí la boca para poder coger aire y ser capaz de articular alguna palabra.


- Estás confirmando que Garrett nunca existió; que se trataba de Jacob, ¿verdad?


Liv no respondió. Tal vez porque no había nada que responder; era algo obvio.


- Dime, Liv. Dime cuántas veces os visteis. Dime cuántas veces hablasteis. Porque estoy segura de que son más de una.


Olivia cogió aire de manera lenta antes de ponerse a hablar.


- Muchas. Muchas, Katherine. Casi todas las noches que podíamos, cuando ambos estábamos en tierra.


- Entonces es verdad, ¿no? -murmuré.


No pude evitar que se me nublara la vista debido a las lágrimas.


- Sí. Jacob no mentía cuando dijo que jamás te había abandonado. Ha estado siempre ahí...


No me molesté en acallar el llanto que salía de mi garganta. Me derrumbé ahí mismo, porque la realidad era más dura de lo que creía. Jacob no me había abandonado, pero en verdad sí lo había hecho; me dejó de lado, se quedó en las sombras, hundiéndome en la miseria. Pero nunca me ayudó. Nunca se me apareció. Nunca.


- Por qué, Liv...


Sus brazos me rodearon en un cálido abrazo y oí sus palabras susurradas en mi oído.


- Supongo que porque ese idiota te quiere de verdad.





viernes, 10 de enero de 2014

DDM: Capítulo 84

¡Hola a todos!

Lo sé. Sé que hace milenios que no aparezco por el blog, que hace milenios que no subo capítulo... Y sé que encima dejé de actualizar el blog en una parte... crítica. Soy cruel. Pero no lo he hecho queriendo, os lo prometo :(

Espero que sepáis, de todas formas, que no he dejado de escribir ni de pensar en los siguientes capítulos. Y hoy por fin, 10 de Enero, me he puesto a escribir. Bueno, ya sé que ahora mismo es 11, pero dejadlo pasar e imaginad que aún estoy a tiempo... ¿Y por qué subo hoy? Pues porque es mi cumpleaños, (bueno, vale, ya no es 10... pero, ¿cuenta? jajaj) y he decidido que me tomaba este viernes de descanso para poder terminar de corregir este capítulo y subirlo. POR FIN.

Y nada, espero que me perdonéis por todo este tiempo ausente... Y espero que os guste este capítulo :)

¡Un beso! <3



La gente siempre me había considerado una persona fuerte y decidida, capaz de actuar con rapidez y de manera inteligente en cualquier situación. Me conocían por mi carácter frío y la ausencia de calidez en mi persona. Y tal vez esos no sean los mejores atributos en un ser humano, tal vez todo eso sea lo peor, pero a mí me gustaba. Porque nada me hería, nada me importaba. No me guiaba por mis sentimientos.

Entonces volví a encontrarme con Jacob, para empezar juntos una cruel aventura que me hizo ver que, en realidad, mi personalidad era falsa. Se trataba de una coraza, una coraza que ha ido despedazándose poco a poco desde aquel día: por Jacob apareciendo de manera inesperada en mi vida otra vez, por la Isla, por la realidad de la muerte de mi madre, así como la confirmación de que jamás iba a volver a ver a mi padre, por la muerte de Harry, por el secuestro y todo el trauma que eso causó en mí, por Jacob abandonándome con Elizabeth... por estos meses de tortura y desesperación.

Pero esa noche, en ese mismo momento, delante de aquella figura que decía llamarse Garrett, lo que quedaba de mi coraza explotó en mil pedazos, dejando al descubierto la verdad: una persona frágil, tratando de recuperarse de tantas pérdidas, tratando de ser fuerte. Una persona que sí tenía sentimientos, multitud de ellos; una persona que no sabía cómo actuar en todas las situaciones, y menos de manera inteligente. Una persona rota que trataba de recomponerse sin éxito alguno.

Mi corazón latía porque yo no podía pararlo de manera voluntaria. Mis pulmones seguían llenándose de aire porque tampoco podía hacer que pararan. De pronto, me pareció que el mundo giraba demasiado rápido, y todo mi alrededor se volvió una masa borrosa y oscura, amenazante, que parecía estar riéndose de mí tratando de jugarme una mala pasada, porque aquello no podía ser real.

Lo único inmóvil eran aquellos ojos verdes que me miraban fijamente, como si también se rieran de mí. Pero lo único que no había cambiado era el color: porque no encontré añoranza, o tristeza, o dolor, o algún sentimiento que me indicara que me había echado de menos. Tampoco encontré amor. Sólo frialdad, como si me odiara o no supiera quién era.

¿Cómo actuar cuando la persona que amabas se marcha, y regresa siete meses después, sin siquiera habiéndote echado de menos? ¿Cómo actuar cuando la persona que amabas se marcha y regresa siete meses después, sin sentir absolutamente nada por ti? ¿Cómo actuar cuando esa persona te prometió que jamás te dejaría de querer, y rompe esa promesa?

Tal vez eso fue lo peor; darme cuenta de que, a pesar de todo, una parte de mí quería correr hacia él y abrazarle y no soltarle nunca.

¿Por qué?
¿Por qué te fuiste?
¿Por qué no volviste, ni siquiera cuando más te necesitaba?
Te he echado de menos.
¿Me has echado tú de menos?
¿Por qué me abandonaste?

Pero en vez de decir alguna de esas dolorosas frases, dije otra que en parte, era real. O al menos, yo quería creer que lo era.

- No te conozco.

Parpadeé con rapidez, lo que provocó que una lágrima rodara por mi mejilla. Una lágrima cálida, que dibujó una línea sobre mi fría piel. No sentía nada. Mis músculos estaban agarrotados, y sólo notaba frío. Frío. Dolor. Rabia. Angustia.

- Entonces tal vez me conozcas por el nombre de Jacob. -repuso él, con calma, algo que me hizo aún más daño.

No. No podía llorar. No podía hacerlo, no podía demostrarle que había conseguido lo que quería: herirme.

-No se quién eres. -rebatí al instante, con la voz temblorosa.

Los músculos de su rostro se contrajeron de manera leve, ligeramente decepcionado, como si esas no fueran las palabras que estaba esperando escuchar. Pero aquella expresión apenas duró un segundo.

- Vaya. Creo que me esperaba otra bienvenida.

Otra lágrima recorrió de manera lenta mi mejilla, pero esta vez no quería llorar. Ya no. Porque ahora, la confusión, la sorpresa y el dolor del primer instante habían desaparecido. Ahora sólo quedaba la rabia y el enfado.

Porque me había abandonado. Me había dejado atrás, como si nunca hubiera significado nada para él. Se marchó y me olvidó. Se marchó como si nunca me hubiera amado. Y en aquel momento, Jacob esperaba otra bienvenida.

- Cómo te atreves... -murmuré, casi para mí.

Sentí que el calor volvía a mi cuerpo, reptando como una serpiente bajo mi piel, devolviéndole la vida a mis paralizados y rígidos músculos.

Y lo hice.

No fui consciente de que mis nudillos habían golpeado su pómulo hasta unas milésimas de segundo después, cuando un latigazo de dolor recorrió los huesos de mi mano.

No fue una bofetada. Fue un puñetazo. Un puñetazo cargado con todos los sentimientos que consumían mi corazón en aquel momento.

Me retiré, dando unos pasos atrás, observando cómo se llevaba la mano al rostro y se cubría la zona herida, la cual estaba segura de que iba a empezar a enrojecer en cualquier momento, porque no había sido un puñetazo especialmente suave.

Apreté las mandíbulas, tratando de calmar mi entrecortada respiración y los temblores que agitaban mi cuerpo. Sí, sabía que era una persona frágil, débil y completamente destrozada, pero en aquel momento me sentí fuerte.

Jacob volvió su rostro hacia mí, con una clara expresión de sorpresa.

Había sido reconfortante. Muy reconfortante. Y quise hacerlo otra vez.

Quise hacerlo tantas veces como fuera posible, hasta que estuviera completamente vacía de aquellos sentimientos que habían envenando mi cuerpo y mi corazón durante ocho meses.

Así que me adelanté, acercándome a él, reuniendo fuerzas para otro golpe. Pero cuando quise darme cuenta, los dedos de Jacob se cernían sobre mi muñeca, parándome.

- ¡¿Creías que te iba a dar las gracias por destrozarme?!

Una mezcla entre gruñido y gemido de frustración salió de mi garganta, y antes de que pudiera reaccionar, mi otra mano también estaba inmovilizada.

Cerré los ojos y lancé un grito, tratando de empujarle y de hacerle soltar mis brazos, pero su agarre era mucho más fuerte que el enfado que me dirigía. Me resistí, me revolví, y sin saber muy bien cómo lo hice, conseguí golpear su pecho a pesar de todo. Supuse que la realidad era que no estaba usando toda su fuerza, tal vez para dejar que me desahogara... tal vez.

No paré. Luché. Dejé que la rabia y el dolor me guiaran: grité y traté de golpearle para descargar esos sentimientos que eran demasiado fuertes para mí.

Y cuando estuve vacía por dentro, me quedé paralizada, con la cabeza apoyada en el pecho de Jacob al igual que las manos. No abrí los ojos, no hice nada. Simplemente esperé.

Entonces el llanto no tardó en llegar. Las lágrimas brotaron de mis ojos y no fui capaz de reprimirlas. No sé exactamente cuando, pero Jacob soltó mis manos con lentitud, mientras yo me convulsionaba apoyada en su pecho.

De pronto, sentí que su mano acariciaba mi cabello, pero apenas duró dos segundos, y me planteé si estaba demasiado desesperada como para imaginármelo, o si había sido real.

Quise moverme, apartarme de él y alejarme lo máximo posible, pero en vez de eso, hice lo peor que podía hacer. Me deslicé hasta el suelo, sin apartarme ni un milímetro de él, hasta quedar tumbada en el suelo, a sus pies.

En aquel momento me odié. Me odié con toda mi alma. Pero no podía parar, no podía hacer otra cosa más que ser consciente de que el fin de aquel llanto era decirle todo lo que sentía pero sin palabras. Lloraba para que Jacob viera el maldito desastre que era mi interior desde que se fue. Es más, desde que le conocí por primera vez.

No era consciente de que el tiempo pasaba. Para mí, todo se había detenido en aquel momento. Todo salvo mis lágrimas y mi dolor. Y por unos minutos me olvidé de que Jacob estaba a mi lado.


                                                                        ***

Me incorporé del suelo, con los ojos pegajosos a causa de las lágrimas. Miré a mi alrededor, y me pregunté durante cuánto tiempo había estado llorando, porque allí no había ni rastro de Jacob.

Se había ido.

Me levanté, boquiabierta, con el corazón latiéndome a mil por hora. Giré sobre mí misma, observando los árboles y la oscuridad que me rodeaban. Me abracé a mí misma, y después de dar tres vueltas, me di por vencida y fui consciente de que, efectivamente, Jacob se había marchado.

- Eres... eres un cobarde... Eres un maldito cobarde... -susurré, siseando.

Y entonces las lágrimas, aquellas que había dado por acabadas, humedecieron mis ojos por segunda vez en aquella noche.

- ¡¿Me has oído?! ¡¡Eres un cobarde, Jacob Fellon!! Sé que estás ahí, sé que me estás escuchando... -mi voz sonaba débil y temblorosa, pero aún así traté de alzar el tono. -Lo sé porque te conozco. Sé que no habrías venido para irte sin decir absolutamente nada. Sé que eres un cobarde, pero no tanto. O tal vez estoy equivocada y en realidad no te conozco. Igual estoy equivocada y es verdad que has venido para irte sin decir nada...

Y me callé. Cerré los ojos, sin dejar de mirar a mi alrededor, esperando ver algún movimiento que me confirmara lo que pensaba; que Jacob seguía ahí. Pero nada. Sólo el suave balanceo de las ramas desnudas de los árboles debido al viento.

- Eres... un cobarde...

Cada latido de mi corazón era doloroso. Un pinchazo en el pecho que me hizo darme cuenta de que estaba sufriendo porque Jacob no estaba ahí. Y eso no era bueno.

Volví a girarme, otra vez, sin saber exactamente qué hacer, a dónde ir, pues estaba totalmente desorientada. Traté de secarme las lágrimas y de frenar el llanto, porque no tenía ningún sentido. Mis ojos aún recorrían la oscuridad como si creyeran que iban a encontrar a aquel chico rubio de ojos verdes. O tal vez a Dan... Pero estaba completamente sola en aquel bosque.

Llegué a plantearme si le echaba tanto de menos como para imaginarme que había estado allí. Si aquello había sido simplemente el fantasma de mis recuerdos. Y deseé que no fuera así.

Me obligué a caminar, de manera mecánica, moviendo las piernas porque no tenía otra opción, a excepción de quedarme ahí durante toda la noche... pensando. Pensando en mi vida si Jacob no se hubiera ido, pensando en sus ojos verdes, pensando en qué hubiera pasado si aquel día él no se hubiera marchado. Qué habría sido de mi vida si él hubiera cumplido su promesa de quedarse a mi lado.

Tal vez debería olvidarme del todo. Tal vez debería borrar su imagen de mi cerebro. Suprimir los recuerdos. Tal vez debería superarlo de una vez por todas. Porque sentía que daba igual que hubieran pasado ocho meses. La realidad era que no le había olvidado, que no estaba recuperada. Que simplemente me había engañado a mí misma, haciéndome creer algo que era muy diferente a la realidad; pensaba en él, y hacerlo me dolía.

Todo estaba en silencio, exceptuando el suave rumor del viento agitando las ramas de los árboles. Pero a mí me parecía que había demasiado ruido. La cabeza comenzaba a dolerme ligeramente, y deseé poder llegar cuanto antes a mi camarote. Poder tumbarme y simplemente dormir. Olvidarlo todo...

No. No podía olvidarlo. Había visto a Jacob. Jacob. Jake.

"Mi Jake."

Oí mi propia voz pronunciando esas palabras, en aquel tiempo en el que de verdad sentía que era mío. Una punzada en el corazón me hizo encogerme sobre mí misma al darme cuenta de que esas palabras ya no significaban lo mismo para mí.

Me apoyé en el tronco de un árbol, con los ojos cerrados y tratando de calmar mi respiración. De pronto, la oscuridad me pareció terrorífica, y me imaginé que Jacob caminaba saliendo de ella, con los brazos abiertos, y me envolvía entre ellos pidiéndome perdón y queriéndome en silencio. Sin palabras.

Vislumbré un pequeño claro el cual estaba cerca del final del bosque, así que caminé hacia él. No pude evitar pararme y alzar la mirada al cielo, cubierto por nubes. Pero aún sí, fui capaz de entrever la luna, otorgando a la noche ese característico brillo fantasmal suyo.

Entonces, el silencio nocturno se vio interrumpido por una voz masculina. Una voz que me pareció ligeramente familiar.

- Pero si es la Princesa de los Mares...

Mis músculos se tensaron automáticamente y no tardé en bajar mi mirada hasta posarla sobre el hombre que había hablado. Me puse completamente frente a él, sin apartar mis ojos de los suyos, los cuales eran fríos como el hielo. Y sus facciones... había algo en él que me resultaba familiar... y me provocaba un miedo irracional, que no entendía a qué venía.

- No, no sabes quién soy. Pero yo sí sé quién eres tú.

Tragué saliva, barajando las posibilidades que tenía: salir corriendo o luchar.

- ¿Te acuerdas de... Patrick?

"Patrick"
Su nombre me dejó paralizada. Y estuve completamente segura de que lo que tenía que hacer era huir. Sin ninguna duda. Porque, sí, Katherine la luchadora y la valiente había vuelto, pero había algo a lo que aún no podía enfrentarme, y eso eran mis pesadillas y Patrick.

- Yo soy otro integrante de esa alianza cuyo fin era exterminarte. A ti y a toda la gente que tiene tu sangre corriendo por sus venas. Esa sucia sangre que se hace llamar Sangre Marina. Como si fuerais diferentes, mejores. Y sólo sois calaña que trata de ir haciendo el bien por el mundo... para creerse que son buenas personas, cuando la realidad es que vuestra sangre está emponzoñada, llena de maldad, crueldad e insensibilidad.

Sus palabras rezumaban asco y odio, unos sentimientos tan intensos que penetraron en mí, dejándome con una ligera sensación de pavor.

- ¿Maldad, crueldad e insensibilidad? -murmuré, confundida.

- ¿Cómo describirías tú el asesinato de mi hermano Patrick si no es malvado, cruel e insensible? -replicó el hombre de manera inmediata.

Sentí que estaba a punto de caer. Eso era. El hermano de Patrick. Mismos gestos. Facciones semejantes y la misma oscuridad en la mirada.

- Justo. -murmuré.

El hombre me dirigió una mirada asesina, y me quise reír al darme cuenta de cuántas veces me había encontrado en la misma situación: un hombre amenazando mi vida.

- Doy por hecho que ni Aaron ni Patrick hicieron bien su trabajo... porque ambos os escapasteis. Jacob y tú.

"No, Patrick hizo su trabajo. Destrozó y marcó mi vida. Me hizo sentir miserable, inútil, inferior. Sucia. ¿No era ese el objetivo?"

- Así que aquí estoy en esta preciosa noche, con el fin de vengar su muerte y terminar lo que Patrick, en tu caso, no acabó. 

Bam.

Me giré con rapidez, con la idea de echar a correr... Pero mi camino se vio obstruido por otro hombre. Frené en seco, conteniendo la respiración y dando unos pasos para alejarme del nuevo individuo que me miraba con una sonrisa burlona. 

Me quedé en el centro del claro, a la misma distancia de ambos hombres, girando sobre mí misma para no perderles de vista. 

- Tu plan ha fallado, ¿no? ¿Creías que ibas a salir de aquí? No, cielo. No estoy solo.

Y entonces vi aparecer a otros tres hombres de la nada, rodeándome por completo. Cinco hombres y cero posibles salidas. 

- Sabía que este día llegaría. Por fin. Después de tantos meses siguiéndote la pista... y aquí estás. Así que dime. ¿Dónde está ese guardaespaldas tuyo que mataba a todos mis hombres cada vez que estaban a punto de encontrarte? ¿Está en tu barco y esta noche no puede salvarte...? Cuánto lo siento. 

"¿Qué? ¿Guardaespaldas?"

- Despídete, Princesa. 

Cerré los puños y apreté las mandíbulas, justo en el momento en que se abalanzó sobre mí, agarrándome de la camisa blanca y lanzándome contra el suelo. Rodé un par de veces antes de frenar, después de gemir por el golpe.

Me levanté tambaleándome ligeramente, clavando mi mirada en su figura, alerta y a la defensiva. Entonces volvió a la carga, esta vez golpeando mi espalda contra el tronco de un árbol, con su antebrazo sobre mi cuello tratando de cortarme la respiración. 

La última vez que alguien usó ese método para quitarme la vida... me quitó la memoria en su lugar. 

Oí el sonido que produce el metal al ser rozado con una tela, y fui consciente de que el hombre empuñaba un cuchillo. 

- No sé si rajarte el cuello y ver cómo te ahogas con tu propia sangre o atravesarte el estómago completamente con este cuchillo...

Me debatí ligeramente, cogiendo todo el aire que fui capaz de coger. Mi primer pensamiento fue: "Jacob, aparece, por favor."

Pero alejé esas palabras de mi mente porque sabía que yo era fuerte y no necesitaba que ni Jacob ni nadie me salvara. Podía yo solita. Era la Princesa de los Mares, ¿no?

No le dejé tiempo a decir nada más, porque le golpeé en la entrepierna con mi rodilla. El hombre gritó y se dobló por la cintura, sorprendido por el golpe. Con un movimiento rápido, le arrebaté el cuchillo y de un codazo en la espalda le hice caer por fin al suelo, mientras se retorcía de dolor. 

Los otros hombres no dudaron en correr hacia mí, y yo no dudé en usar el cuchillo contra el primero que llegó a mí. Me agaché para esquivar el obvio puñetazo que quería propinarme y le derribé golpeándole en la rodilla derecha. Y justo antes de que cayera al suelo, hundí el filo del cuchillo en su estómago. No estaba segura de si eso había sido suficiente para quitarle la vida, pero al menos le mantendría un rato en el suelo. 

Me giré con rapidez, pero no lo suficiente, pues lo último que vi fue a otro de los hombres saltando sobre mí. Caí de espaldas al suelo y el impacto me dejó sin aliento por unos segundos. El hombre estaba encima de mí, y aproveché para clavar el cuchillo en su ancha espalda antes de que pudiera erguirse. Le oí gritar y entonces golpeó mi rostro con su puño. Hundí aún más la hoja del cuchillo y me lo quité de encima de un empujón. 

Dos fuera de juego, aunque probablemente vivos.

Me levanté del suelo hasta quedar frente a los otros tres, que esperaban el momento oportuno para atacar. Empuñé el cuchillo apuntando hacia ellos, de manera amenazante. 

Uno de ellos dio unos cuantos pasos hacia mí y otro hizo lo mismo, pero simplemente rodeándome, para colocarse tras de mí. Les miré alternativamente, sintiendo cómo mis músculos se tensaban más y más, esperando algo que podría llegar en cualquier momento. 

Entonces el hermano de Patrick trató de incorporarse, aún dolorido, acción que me distrajo... y entonces el que estaba a mi espalda me agarró de los brazos, inmovilizándome. Gruñí, aferrando con más fuerza el cuchillo. El otro se acercó a mí por delante y un latigazo de dolor me recorrió el rostro en cuanto su puño golpeó mi pómulo. Seguidamente, su rodilla impactó en mi estómago, haciendo que me encogiera sobre mí misma. Pero no iba a rendirme. 

Usé al hombre que me sujetaba como apoyo para alzar las piernas y golpear en el pecho al que me estaba atacando, haciendo que cayera de espaldas. Y lo que pasó después ocurrió muy rápido.

Traté de propinarle una patada en la entrepierna al hombre que inmovilizaba mis brazos, mientras el tercero trataba de frenarme. Pero llegó demasiado tarde, y lo único que consiguió fue una puñalada en el cuello. Hizo un ruido extraño, entre jadeo y gruñido, antes de caer al suelo, sin vida. 

Rápidamente me giré, para ver cómo tres de los que había derribado (el hermano de Patrick, el hombre al que había golpeado en la entrepierna y el que me había sujetado) estaban en pie. Los tres en línea frente a mí. Y por el rabillo del ojo, vi dos cuerpos tumbados sobre la hierba del claro: ambos muertos. Entre ellos el de la puñalada en la espalda, lo que me sorprendió.

Y lo siguiente que vi fue el filo de dos espadas sobresaliendo del pecho de dos de los hombres, y a un chico rubio de ojos verdes detrás de ellos, empuñando las espadas. Y en un acto reflejo, lancé con fuerza mi cuchillo hacia el hermano de Patrick, antes de que pudiera reaccionar. El filo se hundió en su pecho, de manera certera, acabando con su vida. 

No aparté la mirada de sus ojos, que estaban clavados en mí, llenos de odio, un odio que jamás olvidaría, hasta que quedó boca abajo y no fui capaz de ver su rostro. 

- Yo soy el guardaespaldas del que hablaban, por si te interesa. -comentó, con una media sonrisa.

Su media sonrisa.